Ser o no ser una buena adaptación

La adaptación de obras literarias al cine es una de las actividades que más atraen mi atención desde que comencé a estudiar Filología Hispánica. Más concretamente, me volví un apasionado de aquellas que se habían originado a partir de una de las obras más famosas de Shakespeare: Hamlet. Desde que el drama fuera escrito en torno al año 1600 (se habla de que su composición dataría entre 1599 y 1601) han sido muchas las versiones que se han desarrollado en las diferentes facetas del arte. Mi interés se centra en el campo del cine, donde la disparidad entre una adaptación y otra es más evidente.

En un curso de doctorado en torno a la figura de Shakespeare como dramaturgo trágico cierto profesor nos comentó que la mayor parte de las adaptaciones al cine moderno de las obras de Shakespeare le hinchaban ciertas partes pudendas (¡una valoración muy filológica!). Mayor fue mi sorpresa cuando me impidió dar mi opinión acerca de la adaptación más famosa de Hamlet (la de Laurence Olivier) por no tener ningún criterio para hacerlo. Como en este blog la palabra sí la tenemos los becarios, os presento algunas de mis conclusiones sobre las adaptaciones que más me interesan.

Laurence Olivier en “Hamlet”

Comencemos por la de Laurence Olivier, en 1948, primera adaptación de Hamlet. Una vez leí la tragedia shakesperiana y construí a mi propio Hamlet me topé con esta película en la que se le presentaba como un personaje amanerado, impasible ante ciertas situaciones, poco realista… es decir, un personaje muy alejado del mío. El culmen de mi desesperación llegó en la escena en la que Hamlet se encuentra con el fantasma de su padre, ante el cual se presenta sin aparente turbación (¿cuántas veces os habéis topado con un fantasma sin poneros nerviosos?).

Sin perder de vista mi impresión sobre esta escena llegó a mis manos la adaptación de Keneth Branagh (1996), cuya historia tenía como escenario un palacio de época moderna (casi contemporánea) rodeado de bosque y nieve. Frente a la pasividad del personaje encarnado por Olivier, Kenneth Branagh presenta un Hamlet más vivo, más inteligente (… o loco) y, en definitiva, más cercano a mi Hamlet. Aquí os dejo la escena del fantasma para que podáis juzgar por vosotros mismos:

¿No os parece increíble la ambientación que el director consigue en esta escena? Llena de vida y agilidad es también la escena final en la que Hamlet acaba con su tío (asesino de su padre), donde Branagh demuestra sus dotes con la espada. Antes de pasar a la última adaptación de la que os quería hablar, quería presentaros esta escena y compararla con la misma que una serie de éxito mundial realizó. Los Simpsons, que tantos guiños han hecho a la literatura mundial, toman la historia de Hamlet y hacen su propia versión. Aquí os dejo las dos escenas para que podáis comparar (lamento que la escena de dibujos animados esté en italiano, pero no la encontré en español):

Llego, finalmente, a Hamlet 2000, adaptación del director americano Michael Almereyda en la que Nueva York se convierte en la cuna de la historia, más concretamente “Dinamarca”, empresa de la familia de Hamlet. Como ya había ocurrido con Romeo y Julieta en 1996 en la versión de Luhrmann, la acción pasaba a desarrollarse en el siglo XX, en la contemporaneidad del espectador, pero manteniendo la dicción en verso. Pese a mis impresiones de Romeo + Julieta, la película de Almereyda mantiene muy fielmente el espíritu de la obra y lo compagina magistralmente con los elementos del mundo moderno. Cabe resaltar, por ejemplo, cómo se transforma la pequeña comedia que hace Hamlet dentro de la obra en un corto que el protagonista presenta en una pequeña sala de cine de la empresa.

Este breve recorrido pretende abrir un pequeño debate en torno a la calidad de las adaptaciones de esta obra al cine. Espero que vuestras opiniones nos ayuden a comprobar si estas películas “son o no una buena adaptación”. Aquí os dejo, como postre, un vídeo que muestra al personaje que, junto con Hamlet, despierta mayor interés en la adaptación de Almereyda: Ofelia, cuya muerte se transforma en una de las escenas más poéticas de todo el film.

Alberto Gutiérrez Gil // Universidad de Castilla-La Mancha


8 comentarios en “Ser o no ser una buena adaptación

  1. Alberto Gutiérrez plantea un recorrido muy original por las adaptaciones a la pantalla del mítico “Hamlet” shakespeariano. Ya Rosa Durá aludía al genial dramaturgo inglés y a su carismática criatura en su artículo sobre el film “Ser o no ser”. Por continuar con la estela hamletiana, está vez sobre las tablas, os dejo un par de enlaces en torno a la extraordinaria obra “Hamletmachine”, del director y dramaturgo alemán Heiner Müller. Una propuesta inspirada en la obra clásica pero pasada por el tamiz de la postmodernidad:

    – La entrada en la Wikipedia sobre la obra:
    http://en.wikipedia.org/wiki/Hamletmachine

    – Un vídeo de un montaje de la obra por una compañía francesa, Théâtre de l’homme qui marche:

    • Me ha parecido muy interesante el ver cómo retoman “Hamlet” para hacer una adaptación tan personal. He de reconocer que no soy muy amante de este tipo de “reconstrucciones” o “reinterpretaciones” de obras clásicas, aunque siempre intento extraer el jugo que otra visión aporta, pues puede ayudar a completar mi propia visión.
      No he visto más que los 10 minutos del vídeo que Puri presentaba, pero promete ser una versión bastante interesante.
      Por otra parte, quería mostraros cómo el teatro y la literatura clásicas no son artes que caigan en el olvido. El videojuego “Final Fantasy Versus XIII” tiene como telón de fondo un ideal desarrollado en el drama inglés. El creador del juego (Tetsuya Nomura) la presenta de esta manera: “No existe el bien ni el mal en sí mismos, sino es la misma mente humana la cual los genera”.

      Aquí os dejo una imagen del protagonista del juego:

  2. Te felicito por la discreción de no dar nombres, Alberto… y eso que la cuestión shakespeariana de la traición y la justicia te servían en bandeja la venganza académica, fría y virtual. (¿Hubiera sido una re-re-re-adaptación hamletiana?)

    En Valencia, la compañía Pot de Plom hizo un montaje completamente excéntrico: Hamlet? Aixó ho pague jo! [traducción obvia, pero por si acaso: ¿Hamlet? ¡Eso lo pago yo!], demasiado sui géneris, demasiado todo, en la que Xavi Castillo (cómico valenciano muy polémico, muy irreverente, muy politizado… en la línea -yo qué sé- de Leo Bassi o Pepe Rubianes -¡toma ya!-) recreaba mínimamente, en tono satírico la escena del “ser o no ser” (alejándose a conciencia del conflicto del Hamlet, y tomándolo como fetiche exclusivamente para reír y criticar…). El caso: para la escena “ser o no ser” se prepara un cásting con los políticos valencianos de moda; primero lo intenta un Francisco Camps elegante, histriónico y atemorizado; luego, una Rita Barberá muy poco profunda para lo que el papel exige; finalmente, un Ricardo Costa excelente: dubitativo, delicado, lloroso…

    Forma parte todo de una gran broma y de una gran burla, obviamente.

    Saludos a ambos.

  3. De Müller a Castillo pasando por Los Simpson o por videojuegos… la verdad es que el literario príncipe de Dinamarca ha tenido más presencia en la historia de la humanidad que muchos príncipes reales-Reales…

    ¿Alguien más se anima a seguir señalando su descendencia en la cultura moderna?

  4. Gracias por tu intervención Jose. La verdad es que me has dejado impresionado con esa “adaptación” de la tragedia clásica. Esto me recuerda a mi primer congreso de Almería en la que asistimos muy ilusionados a la representación de “El príncipe constante” de “Calderón de la Barca” (las comillas en Calderón van con toda la sorna posible, porque salimos sin ver a Calderón) en la versión de la compañía italiana Lenz Rifrazioni. Fueron dos horas y media de “espectáculo” (en el sentido más lato de la palabra) donde una serie de actores correteaban desnudos sin ton ni son por el escenario, vestidos de Goku, Pikachu y demás personajes de dibujos animados. El clímax de la obra llegaba en su final: en él ciertos personajes untaban con nocilla a otro que se encontraba tumbado para después pegarle rebanadas de pan bimbo por todo el cuerpo.
    Si la descripción suena surrealista, más surrealista fue asistir a la representación. De hecho, en un ataque de éxtasis místico, una mujer del público se levantó y cayó desmayada, ante lo cual la compañía italiana no hizo amago de parar por un momento la representación (¿un poco vergonzoso, no?).
    Ha pasado ya casi 5 años desde dicha representación y todavía no he podido olvidarla, y tampoco creo que sea capaz. Lo que más nos irritó a todos es que al día siguiente, en la charla con los actores y la directora, nadie fue capaz de explicarnos el porqué del desnudo, de la nocilla o de otros elementos que evito mencionar.
    La duda que nos quedó a todos fue: ¿es lícito anunciar la representación de una obra de Calderón de la Barca cuando no hay nada de Calderón en ella? ¿Hasta que punto se puede utilizar a los clásicos para hacer aberraciones de tal calibre?
    Espero que alguno de vosotros asistierais a la representación y pueda darme su punto de vista.

  5. Yo no he podido muchas más adaptaciones de este calibre, pero todavía no he encontrado a nadie que pueda defender ese crimen. De hecho, fue toda una imagen ver como unas tres cuartas partes del aforo no aplaudían al final de la obra.

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