El “descuido cuidadoso” del actor

Cartel del montaje de “Pedro de Urdemalas” por la Academia Central de Teatro de Beijing

Sé todo aquello que cabe

en un general farsante;

sé todos los requisitos

que un farsante ha de tener

para serlo, que han de ser

tan raros como infinitos.

De gran memoria, primero;

segundo, de suelta lengua;

y que no padezca mengua

de galas es lo tercero.

Buen talle no le perdono,

si es que ha de hacer los galanes;

no afectado en ademanes,

ni ha de recitar con tono.

Con descuido cuidadoso,

grave anciano, joven presto,

enamorado compuesto,

con rabia si está celoso.

Ha de recitar de modo,

con tanta industria y cordura,

que se vuelva en la figura

que hace de todo en todo.

A los versos ha de dar

valor con su lengua experta,

y a la fábula que es muerta

ha de hacer resucitar.

Ha de sacar con espanto

las lágrimas de la risa,

y hacer que vuelvan con [p]risa

otra vez al triste llanto.

Ha de hacer que aquel semblante

que él mostrare, todo oyente

le muestre, y será excelente

si hace aquesto el recitante.

Pedro de Urdemalas

Miguel de Cervantes

Cervantes nos regala para la posteridad, en boca de Pedro de Urdemalas y en una de sus más sorprendentes comedias, este pequeño tratado acerca de las cualidades técnicas que todo buen comediante del siglo XVII había de poseer. Los versos que más arriba reproducimos constituyen un perfecto ejemplo de documento (dentro del propio teatro) sobre el que podemos apoyarnos para comprender la concepción que empezaba a tenerse del actor en el Barroco. Asimismo, el texto de Cervantes es un primer manifiesto del actor español reivindicando su oficio y sus virtudes técnicas. Durante 34 versos octosílabos describe, condensadamente, sintetizando a la perfección sin olvidar ningún aspecto importante, todas aquellas cualidades que debe tener cualquier farsante (aquí el vocablo sin connotaciones negativas).

Analicémoslo. El fragmento comienza subrayando la relevancia de poseer una buena memoria, siendo ésta el tradicional gran símbolo del actor a lo largo de su historia (de hecho, el drama de El viaje a ninguna parte de Fernando Fernán Gómez es, precisamente, que el actor protagonista padece Alzheimer). Seguidamente, alude al desparpajo en el hablar, a la destreza en la expresión oral, para  luego pasar a referirse al aspecto externo, al porte, y a la indispensable adecuación de esta presencia física con el papel que se ha de llevar a cabo (si es un galán, debe tener buen talle, etc.).

Respecto al modo correcto de actuar, destaca la necesidad de evitar las sobreactuaciones y los ademanes excesivos, así como el mal recitado del verso. Pero el consejo definitivo para actuar con el mayor virtuosismo se localiza en el sintagma “descuido cuidadoso”. A través de esta intensa paradoja, Cervantes está expresando la esencia del arte de actuar: la improvisación y la espontaneidad son básicas pero siempre han de ser fruto del trabajo y la formación técnica. Aboga, pues, por una naturalidad controlada a la hora de interpretar.

Al aludir a dos tipos diferentes de personajes (el joven y el viejo), Cervantes, a través de Urdemalas, señala la necesaria versatilidad del actor para adaptarse a los diversos registros que se exigen. El autor del Quijote no olvida resaltar dos capacidades intelectuales imprescindibles para el buen intérprete: la industria y la cordura. Esta referencia al intelecto pone en evidencia que el actor en el Siglo de Oro deja de relacionarse en exclusiva con la exterioridad de gestos y habilidades físicas y adquiere características en el plano espiritual. Aplicando estos rasgos de la inteligencia, el actor ha de ser capaz de “volverse en la figura que hace de todo en todo”, es decir, trasformarse emocionalmente en el personaje que interpreta. Se reivindica, pues, la capacidad del actor para dar vida a la letra impresa, a la historia que duerme a la espera de encarnarse en un hombre capaz de vivirla ficticiamente para comunicarla a los demás tal como sólo él puede y sabe. En el Siglo de Oro el actor es ya un profesional de su oficio, un experto en sus técnicas.

Por último, Cervantes coloca al final de su retrato del buen actor un aspecto fundamental: su capacidad para la conexión emocional con el público. Con su plurivalencia de registros, debe tener el don de llevar de la risa al llanto, y viceversa, a los espectadores, de modo que experimenten tan intensamente las peripecias y los sentimientos del personaje como el propio intérprete. Si consigue trasmitir al público la carga emocional del papel que representa, el actor será “excelente”, según Cervantes.

 

Purificació Mascarell // Universitat de València

2 comentarios en “El “descuido cuidadoso” del actor

  1. Y los papeles de grave anciano, de joven presto, de dama donaire, de criado astuto, de gracioso… todo eso ¿cuadrará con la cultura oriental? Lo pregunto por el cartel que has puesto como imagen.

  2. Os dejo un par de enlaces acerca del montaje de “Pedro de Urdemalas” en Pekín, por si el cartel que ilustra esta entrada os ha descolocado demasiado. Un post del blog del investigador y experto en la práctica dramatúrgica cervantina Alejandro González Puche (http://alejandropuche.blogspot.com/2008/09/pedro-de-urdemalas-de-cervantes-en.html) y otro publicado en el blog de referencia para los teatreros, “Ars Theatrica”, (http://parnaseo2.uv.es/blogtheatrica/?p=115).

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