Ksec-act

La primera obra que vi en Almagro fue La Numancia de Cervantes. Mis amigos y yo llegamos tarde al Teatro principal y, con las prisas, ni nos habíamos enterado de que la obra iba a ser un poco “diferente”. La función ya había comenzado y nos colocaron en el piso superior; al asomarnos al escenario vimos a unos japoneses recitando en japonés los versos de Cervantes. Eso sí, había sobretítulos en español. La música no era precisamente de Jordi Savall, sino bakalao, y entre los actores había uno muy alto que hacía de malo. Gritaban mucho. Daban un poco de miedo.

Eran Ksec-act.

Los volví a ver en Olmedo hace dos veranos, esta vez con Fuenteovejuna. Durante unos minutos desaparecieron los sobretítulos y los pocos que no sabíamos japonés tuvimos que concentrarnos mucho para no perder el hilo.

Siempre me he preguntado cómo puede entender una cultura las obras de arte de otra tan distante, en este caso no solo en el espacio sino también en el tiempo. Ksec-act son una respuesta más a esa cuestión.

Estos japoneses no le temen ni a Lope ni a Cervantes;  tampoco le tienen miedo a Lorca. Y no se cortan ni en el más querido (por lo menos por los TC-12) de los lugares de la Mancha ni en la villa del Caballero. Solo me queda cruzar los dedos y esperar que se atrevan con Calderón y que, a ser posible, nos permitan escuchar sus versos en japonés una lluviosa tarde de Santiago.

Isabel Hernando Morata // Universidade de Santiago de Compostela

3 comentarios en “Ksec-act

  1. Como siempre, una entrada exquisita, Isabel.

    Viendo el vídeo, ya se puede uno imaginar qué tipo de experiencia teatral propone al espectador español esta compañía japonesa. Rompe esquemas, rompe barreras culturales y es una apuesta por convertir nuestros textos clásicos en verdadero y efectivo patrimonio universal de la humanidad.

    Muchas gracias por traer a Ksec-act a este patio.

  2. Yo pude ver en Almería “La Numancia” y la verdad es que me quedé impresionado. Sobre todo recuerdo la parte del incendio hecho con unas telas rojas, que fue impresionante, así como la escena en que comenzaban a caer pelotitas de plástico sobre el escenario. La utilización de los elementos escenográficos es exquisita. Sin embargo, en Olmedo asistí a la representación de “Fuenteovejuna” y el encanto disminuyó un poquito, aunque solo un poquito. A pesar de los problemas de subtítulos, la historia más o menos podía seguirse, pero no fue tan mágica como en “La Numancia”. Además, los que nos tocó ver la obra en las primeras filas pudimos comer repollo y demás verduras en la escena en la que cortaban las susodichas al borde del escenario.
    De todas maneras, siempre es algo curioso y enriquecedor ver cómo esta compañía japonesa reinterpreta el teatro del Siglo de Oro.

  3. Los japoneses, y los pueblos asiáticos en general, son un pueblo que adoran la tradición. En eso deberíamos imitarles, ya sea en teatro o en urbanismo. Muy curiosa e interesante esta entrada, así como el lugar, que acabo de descubrir. Suerte y adelante con este proyecto que parece que tiene un alto nivel (académico y divulgativo).

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