Cambaleo, garnacha, bojiganga… (II parte)

El cambaleo, con una mujer entre sus seis componentes, es la cuarta compañía descrita por Rojas. La mujer canta y los hombres lloran, nos dice el autor ¿esto se corresponde al tipo de actuación que llevaban a cabo o, más bien, se refiere a la situación de penuria que caracterizaba su vida? Suponemos más acertada la segunda interpretación ya que unas líneas más tarde sabemos que durante las comidas comparten una sola servilleta o el mantel es tan minúsculo que no cubre la totalidad de la mesa. El repertorio, como viene demostrándose, aumenta junto con el número de cómicos, y éstos ya poseen un lío de ropa, aunque pueda ser llevado por “una araña” debido a su pobreza y poco peso. En sus viajes, todos caminan excepto la mujer y sus representaciones tienen lugar, como las de la gangarilla, en cortijos, en cambio, a diferencia de ésta última, sus estancias en las  poblaciones se alarga durante cuatro o seis días. La consecuencia es que deben alquilar una habitación para la mujer y los hombres, tratar de dormir en la cocina o el pajar de la huéspeda de la posada.

Según Sito Alba, (Díez Borque, 1990: 391) en el pasaje de El viaje entretenido al que aludimos, Rojas recoge la evolución que van experimentando las agrupaciones de actores con el paso del tiempo. Siguiendo su idea, el hecho de que Rojas coloque en su relación a la gangarilla (con una muchacho para los papeles femeninos) antes que al cambaleo (ya con una mujer dentro de la compañía), significa que la gangarilla representa el período anterior a 1587 en el que las mujeres tuvieron prohibido representar. A partir de dicho año, se levanta la prohibición a las casadas con actores, siempre y cuando salgan al escenario en el vestido que les corresponde por su sexo; al mismo tiempo, se impide a actuar a muchachos en traje de mujer. Así, el cambaleo podría situarse, siempre a partir de la hipótesis de Sito Alba, en una fecha posterior a 1587.

La garnacha es ya una agrupación de cierta importancia puesto que la conforman ocho personas, entre ellas una mujer y un muchacho (es decir, a pesar de la prohibición, los muchachos siguieron actuando en papales del otro sexo). Con una mayor preocupación en el vestuario (“llevan un arca con dos sayos, una ropa, tres pellicos, barbas y cabelleras y algún vestido de la mujer, de tiritaña”) y un repertorio de obras un tanto más amplio, viajan a pie y con un pollino para el arca y la mujer. Permanecen en los pueblos durante ocho días y la mayoría duermen en una cama que comparten. Aparte de las representaciones en las fiestas de los pueblos, nos dice Rojas que hacen también representaciones privadas, suponemos que en casas de nobles o burgueses ricos que pueden permitirse pagarlas aunque sea con la comida para toda la compañía, pues esta agrupación también posee “el hambre por arrobas”.

Resulta interesante destacar que, “si para los otro tipos se emplean términos de significados degradantes –bululú, engañador; ñaque, montón de cosas inútiles; gangarilla del campo semántico de ganga; cambaleo del cambalache–, éste [garnacha] refleja ciertas pretensiones en el vestir, ya que la palabra garnacha equivale a vestidura talar que usan los togados” (Díez Borque, 1990: 392). O sea, esta compañía ya merecía algún tipo de respeto que se manifiesta en el nombre con la que se la bautiza.

En la bojiganga ya hay dos mujeres, además del muchacho y los seis o siete actores. Con el número siete se acopla la enumeración de papeles que representaban en sus obras (seis comedias, tres o cuatro autos, cinco entremeses): un necio, un bravo, un mal sufrido, un porfiado, un tierno, un celoso y un enamorado. Rojas bromea al decirnos que la convivencia con cualquiera de estos tipos de personas sólo conduce a la infelicidad o la pobreza, pero ¿se refiere a los papeles ficticios o a los actores reales?. Con dos arcas y cuatro jumentos viajan de pueblo en pueblo, representando de noche o, durante las fiestas, de día. Nos dice, por primera vez, que estos cómicos comen bien, pero después, ambiguamente, deja caer su afición por acercarse excesivamente a los embutidos ajenos que se asan al fuego. Además, explica Rojas: “Este género de bojiganga es peligrosa, porque hay entre ellos más mudanzas que en la luna y más peligros que en frontera (y esto es si no tienen cabeza que los rija)” y no sabemos si se está aludiendo al movimiento de los actores durante la representación, a los continuos viajes de un a lugar a otro de la geografía española, a la escasa duración de los componentes dentro de la agrupación, o a su tendencia a incumplir los acuerdos con los pueblos en las fiestas o con aquellos que les requieren a nivel privado, dejando entrever su volubilidad y falta de formalidad.

En cuanto al nombre que recibe tal compañía, bojiganga, hemos de decir que proviene del nombre de uno de los personajes que en ella solía haber. Éste sería una especie de diablo vestido con cascabeles que esgrime un palo con vejigas de vaca hinchadas. Durante su actuación, el personaje da grandes saltos, baila y sacude las vejigas provocando un gran estruendo (indoloro en el caso de que se golpee a otro actor), todo ello con la misión de asustar, animar o divertir. El capítulo XI de la segunda parte del Quijote, donde se narra el encuentro del caballero andante con un compañía de comediantes de la legua, se presenta a este personaje tal y como lo hemos descrito:

“Responder quería don Quijote a Sancho Panza, pero estorbóselo una carreta que salió al través del camino, cargada de los más diversos y estraños personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció a los ojos de don Quijote fue la de la misma Muerte, con rostro humano; junto a ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona, al parecer de oro, en la cabeza; a los pies de la Muerte estaba el dios que llaman Cupido, sin venda en los ojos, pero con su arco, carcaj y saetas. Venía también un caballero armado de punta en blanco, excepto que no traía morrión, ni celada, sino un sombrero lleno de plumas de diversas colores; con éstas venían otras personas de diferentes trajes y rostros. Todo lo cual visto de improviso, en alguna manera alborotó a don Quijote y puso miedo en el corazón de Sancho; mas luego se alegró don Quijote, creyendo que se le ofrecía alguna nueva y peligrosa aventura, y con este pensamiento, y con ánimo dispuesto de acometer cualquier peligro, se puso delante de la carreta, y, con voz alta y amenazadora, dijo:

-Carretero, cochero, o diablo, o lo que eres, no tardes en decirme quién eres, a dó vas y quién es la gente que llevas en tu carricoche, que más parece la barca de Carón que carreta de las que se usan.

A lo cual, mansamente, deteniendo el Diablo la carreta, respondió:

-Señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo; hemos hecho en un lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la octava del Corpus, el auto de Las Cortes de la Muerte, y hémosle de hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece; y, por estar tan cerca y escusar el trabajo de desnudarnos y volvernos a vestir, nos vamos vestidos con los mesmos vestidos que representamos. Aquel mancebo va de Muerte; el otro, de ángel; aquella mujer, que es la del autor, va de Reina; el otro, de Soldado; aquél, de Emperador, y yo, de Demonio, y soy una de las principales figuras del auto, porque hago en esta compañía los primeros papeles. Si otra cosa vuestra merced desea saber de nosotros, pregúntemelo, que yo le sabré responder con toda puntualidad; que, como soy demonio, todo se me alcanza.”


Purificació Mascarell // Universitat de València

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