El teatro y los actores según Woody Allen

*En Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, Woody Allen se burla de los absurdos e inútiles cursos de verano que ofrecen las universidades norteamericanas y decide inventar él mismo posibles cursos tan absurdos e inútiles como los reales:

Boletín de cursos de primavera

“La cantidad de anuncios de cursos universitarios y de cursos por correspondencia para adultos que hacen su aparición diaria en mi buzón ha acabado por convencerme de que debo figurar en alguna lista especial de atrasados mentales. No es que me queje; hay algo en una lista de cursillos de perfeccionamiento que provoca mi curiosidad con una fascinación que hasta ahora sólo me había producido un catálogo de accesorios para luna de miel llegado por equivocación a mis manos desde Hong Kong. Cada vez que leo el último boletín de cursos de perfeccionamiento, me vienen enseguida ganas de plantarlo todo y regresar a la escuela. (Hace muchos años, fui expulsado de la universidad, víctima de acusaciones sin pruebas, no muy distintas a las que una vez le endilgaron a Al Capone.) Sin embargo, hasta la fecha sigo siendo un adulto inculto e imperfecto; por eso, ahora, se me ha ocurrido redactar un boletín imaginario, primorosamente impreso, que condensa más o menos todos los boletines existentes.”

Después de sacarse de la chistera cursos sobre Psicología (“La teoría del comportamiento humano. Por qué a ciertos hombres se les llama ‘individuos encantadores’ y por qué a otros sólo se les quisiera matar a palos”) o sobre Metafísica (“¿Qué le pasa al alma después de la muerte? ¿Cómo se las arregla?”), Allen recrea humorísticamente el programa de un curso dedicado a la creación dramática. El autor de Manhattan no deja de plantear, desde la ironía y la burla, aspectos trascendentales del arte teatral y de su conexión con el espectador:

Escribir para el teatro: Todo drama es un conflicto. El desarrollo de los personajes es también muy importante. Asimismo lo que dicen. Los estudiantes aprenden que los discursos largos y aburridos no son tan eficaces como los breves y chistosos que parecen cumplir con creces su cometido. Se investiga la psicología simplificada del público: ¿por qué a menudo una obra de teatro sobre un viejo personaje llamado Gramps, capaz de inspirar ternura, no es tan interesante en el teatro como contemplar la nuca de otro espectador y tratar de que se dé la vuelta? Asimismo se investigan aspectos interesantes de la historia de las tablas. Por ejemplo, antes de la invención de la cursiva, se confundían con frecuencia las indicaciones de escena con el diálogo y a menudo grandes actores se encontraban diciendo: «John se pone de pie, cruza hacia la izquierda». Naturalmente, esto causaba grandes desconciertos y, a veces, una mala crítica. El fenómeno se analiza en detalle a fin de que los estudiantes no cometan estos errores. Texto obligado: de A. F. Shulte, Shakespeare: ¿fue él cuatro mujeres?

*En el film Annie Hall, Diane Keaton, en su papel de pareja de Alvy Singer, rememora los novios que ha tenido antes de conocer al cómico, entre ellos, Jerry, un joven actor lleno de misticismo que resulta vomitivo para Alvy:

*Y en Desmontando a Harry, Allen nos presenta a un profesional de la actuación en apuros, Mel (Robin Williams), el actor “desenfocado”:

Purificació Mascarell // Universitat de València

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