También en México la vida es sueño

Los caminos de Calderón son inescrutables, y esta vez nos volvieron a llevar muy lejos: el 27 y 28 de octubre se celebró en El Colegio de México el congreso internacional Calderón de capa y espada. Una comunicación sobre Casa con dos puertas en la maleta, el pasaporte en la mano, alguna clase sobre Cuco Sánchez en el airbus… y aterrizamos en el D.F. El país se preparaba para su gran fiesta, la de los muertos. Y hacía un sol espléndido, que a esa altura (la capital está a 2200 metros) calienta mucho y justifica sobradamente el sombrero mexicano… Pero antes de conocer la ciudad “había que” ir al congreso, así que algunos recién llegados metimos la curiosidad y el entusiasmo en el fondo de la carpeta, debajo de la comunicación, los apuntes y el programa.

Llégabamos al Colegio después de haber recorrido en coche varios kilómetros de la desmesurada capital, nos recibía con perenne seriedad el busto de bronce de Alfonso Reyes y pasábamos la mañana y la tarde entre charlas y coloquios. Hubo más de un minuto perdido en la librería y un paseo por el jardín (allí lo llamaban “zona ecológica” o algo así) donde vimos los primeros cactus.  Con varios acentos hablamos sobre La dama duende y No hay burlas con el amor, el honor o las dualidades y paralelismos con que están construidas algunas obras. No es mi intención escribir aquí la crónica del congreso (de eso ya se encargan otros compañeros), pero el ambiente fue muy agradable y se apuntaron ideas interesantes, como la presencia de elementos de la comedia de capa y espada en otros géneros.

Calderón nos dejó un tiempo para apreciar la plaza del Zócalo y los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional, el colorido y la exuberancia del D.F., los mariachis de Garibaldi, las ruinas de la civilización mexica. La próxima cita académica era en Puebla, una ciudad colonial de trazado renacentista. Puebla es bonita por casi todo: por los colores y los azulejos de sus casas, por los patios, por la calle de tiendas de camotes (un dulce típico), por sus vendedores de globos, por sus (dicen) trescientas sesenta y cinco iglesias, una para cada día del año,  en las que algunos descubrimos el barroco hispanoamericano.

Los altares a los muertos. Los esqueletos disfrazados de mariachis, de toreros, de monjas, de novios, de todo, porque la cuestión parecía ser presentar al esqueleto más original posible. Por todas partes las flores naranjas de los altares, llamadas cempasúchil, los “panes de muerto”, la comida preferida de cada difunto (las coca colas y las tequilas abiertas, porque si no, como nos dijeron, ¿cómo se lo va a beber?). El colorido de las ofrendas y el olor de aquellas flores, el incienso, las calaveritas. La experiencia más notable la tuvimos algunos en un pueblo de Puebla, San Gabriel Chilac. Allí nos abrieron las puertas de las casas para enseñarnos los altares a sus fallecidos, que llevaban al día siguiente al cementerio. El dos de noviembre, el panteón de San Gabriel era una fiesta. Es difícil describir lo que se vivía allí, porque ni las fotos ni las palabras transmiten el agobio de la muchedumbre, el olor penetrantísimo del incienso y el cempasúchil, el color, el calor, la tierra, la misa en náhuatl, los tres o cuatro mariachis tocando y cantando al mismo tiempo, los vendedores de patatas, de helados, de chapulines (una especie de grillos), los niños, las letanías… Uno de los mariachis entonaba una canción que decía “la vida es un sueño…”

La vida es un sueño: Calderón, recordó alguien. Calderón, de nuevo, en la Universidad de Puebla (también Cervantes), ante un público estudiantil de Humanidades. Para aquellos muchachos las conferencias sobre literatura del Siglo de Oro parecían tan novedosas como para nosotros las canciones en el cementerio del día anterior.

Y fin de Calderón en el país más al sur de Norteamérica. Adiós a los mariachis y el cempasúchil. También en México la vida fue un sueño, o la muerte fue un sueño, o una fiesta, o el sueño de una fiesta… aquellos días.

Isabel Hernando Morata // Universidade de Santiago de Compostela

3 comentarios en “También en México la vida es sueño

  1. Hey, Linda crónica sobre mi país. Me disculpo por no haber pasado tu nombre en la primera entrega de mis fotos… pero ya mandé el añadido… pero aún no le dan entrada…. Saludos.
    Carlos-Urani Montiel

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