La comedia no es metadona

¿De qué hablan dos actores, que han trabajado juntos casi treinta años, minutos antes de salir al escenario la noche de su última actuación? Mientras mordisquean un par de bocadillos y calientan la voz, Carles y Alfred hacen inventario de sus preocupaciones existenciales: el paso de tiempo y la muerte, el sexo y el amor, el miedo y la felicidad y, sobre todo, el valor de la amistad y del teatro. Que tinguem sort! es el último texto escrito por Carles Alberola (Alzira, 1964) después de haber recorrido España con éxitos como Besos o Spot que lo han catapultado a la fama teatral desde las tablas valencianas. De hecho, Albena Teatre es, hoy por hoy, el sello autóctono más prolífico y reconocido. Y Alberola, en su nuevo trabajo, reafirma su gran habilidad para abordar cuestiones trascendentales sin perder la sonrisa.

La obra contiene un pasaje muy significativo que invita a reflexionar sobre el sentido de la comedia. Carles, un pesimista a lo Woody Allen, lanza una autocrítica a su oficio de cómico: “Lo que hacemos es sólo metadona para hacer reír al público”. Sin embargo, la auténtica comedia es capaz de transformar las carcajadas en reflexión. Así ocurre magistralmente en el teatro de Alberola y, especialmente, en su última pieza:

Carles. El teatre que fem desapareixerà igual que el fum d’este cigarret i darrere, nosaltres. I vols saber per què?
Alfred. Resumeix que no arribem.
Carles. Perquè el teatre que fem no aporta res…
Alfred. Parlar de les coses que ens passen no aporta res?
Carles. Nosaltres no parlem, només fem riure.
Alfred. Però… si sempre has dit que “fer riure” és el camí més ràpid per arribar a l’ànima de la gent.
Carles. Doncs estava equivocat.
Alfred. Clar. (Pausa.) I la gent que s’ha sentit identificada amb les coses que hem contat en els espectacles?
(…)
Carles. Et falta criteri per a entendre que el que fem és només… (Buscant la paraula.) metadona.
Alfred. ¡Acabáramos! Metadona…
Carles. Sí, la gent riu però tot continua igual.
Alfred. Això és tot?
Carles. I res més. I només dura… el que dura un cigarret. (Apaga el cigarret al rebentat).
 

¿Pensaría Lope que sus comedias de capa y espada eran “metadona” para el pueblo? ¿Lo que hace reír es intrascendente? ¿Sólo la seriedad agita las conciencias? Hace un par de semanas, viendo El ávaro de Molière dirigido por Jorge Lavelli, la pareja sentada a mi lado comentaba “vaya chorrada, un tío que hace la vida imposible a sus hijos por dinero, qué cosa más simple”. Supuestamente se esperaban un experimento metafísico, pero se hallaron con las carcajadas que provoca el vicio de Harpagón.

Resulta que unos hombrecillos siniestros, los cuales deben tener nombre, apellidos y hasta marca de corbata, hacen la vida imposible a millones de personas en el mundo por dinero. La avaricia y el egoísmo de la banca, esa temida abstracción, la convierte en el Harpagón de nuestros días. El actor Juan Luis Galiardo, terminada la función, no quiso perder la oportunidad de remarcarlo desde el escenario: la actual crisis del sistema financiero tiene su origen en la avaricia humana, en esa ansia enfermiza de acumular riquezas que posee al personaje de Molière.

Una historia del XVII explica algo tan actual como que los jóvenes de hoy no puedan independizarse de sus padres porque el estado, sacudido como un títere por los bancos, no vela por su futuro laboral. Si Cleanto y Elisa  son dos hermanos que desean independizarse y su avaro padre no les proporciona la ayuda necesaria para hacer realidad sus sueños, los jóvenes del siglo XXI, atados de manos y pies por oscuros sistemas financieros y relegados a un punto del programa electoral de los partidos, desesperan por una oportunidad profesional. Eso sin olvidar que todos los habitantes del primer mundo somos, en mayor o menor medida, un mortal Harpagón para los países subdesarrollados. La conclusión sobre el sentido de la comedia y la necesidad de los clásicos resulta, por obvia, innecesaria.

Purificació Mascarell // Universitat de València

PD: Hasta ahora todos sabíamos que los diputados tenían algo de actores por aquello de la falsedad y el disimulo que conlleva la práctica de la política (triste, sí, pero real). Sin embargo y durante esta legislatura, un profesional de la interpretación ocupará un escaño. Esperemos que, en su papel de político, Toni Cantó logre estar tan brillante como interpretando a uno de los abogados de Razas de David Mamet

2 comentarios en “La comedia no es metadona

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