Mirando estoy el mar de mis enojos

Con las ondas, que hacían
lascivos escarceos.

“Égloga a Claudio”


Son días en que la agenda de trabajo capea en un mar revuelto. Esta mañana se firmaba el convenio de colaboración entre el TC/12 y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, un convenio en el que las dos entidades habíamos puesto un interés ponderado y cordial, y que ahora, finalmente, y después de muchos meses de espera, y de varios cambios de fecha, lugar  y hora, llegaba al momento solemne de su firma. Había tres copias sobre la mesa, y las tres debían ser firmadas por los tres, el Rector de la Universitat d’Alacant (entidad gestora de la Biblioteca), el de la Universitat de València (entidad gestora del TC/12) y por mí mismo, por lo que cada uno firmaba una copia y la pasaba a los otros, al tiempo que recibía la de los otros, en un entrecruzamiento divertido (¡qué fácil sería parodiarlo, al estilo de los hermanos Max, sobre un escenario, con copias yendo y viniendo sin parar, hasta provocar un percance!), pero perfectamente ordenado.

Lo que no tenía nada de divertido ni de ordenado es la realidad sobre la que este acto proyectaba sus sombras chinescas: una realidad con un infante consorte y dos presidentes autonómicos imputados judicialmente por corrupción, un estado que zozobra  entre los bandazos de la deuda, el paro brutal y los recortes sociales a la población trabajadora, o una Comunidad Valenciana que en el último mes no ha podido devolver un préstamo del Deutsche Bank, pagar la seguridad social de sus funcionarios en noviembre, o hacer frente en los dos últimos meses a sus obligaciones con las cinco universidades públicas bajo su responsabilidad. Entre las palabras protocolarias del acto, y los elogios y augurios favorables al convenio, el Rector de la Universitat de València, buen amigo, me dejaba caer en el oído sombrías predicciones: si la cosa continúa así un mes más, no podrán pagarse las nóminas.

Al salir del salón de la firma, en el Rectorado, los otros rectores de la Comunidad estaban esperando a que acabara para marcharse todos juntos a la Conselleria de Educación a ver si desde allí se divisaba algún abrigo costero por algún lado del horizonte, todo ello mientras la sede histórica de la Universitat, el venerable edificio del siglo XVIII erigido sobre los restos de 1500, en que estaba inicialmente concertada la firma, permanecía inutilizable, ocupado el claustro desde hace días por medio centenar de personas que protestaban ante la silenciosa estatua de Lluís Vives por seis meses de impagos a unos trabajadores del cinturón industrial.

Este no es un relato ejemplar, y no busca por tanto extraer consecuencias edificantes sobre ningún aspecto de esta realidad convulsa que estamos apurando día a día, y llevamos ya cuatro años largos. Sin embargo, me ha parecido que de la situación saltaba una excelente metáfora, casi inevitable, la del barco de la investigación capeando en un mar casi imposible, en el que las olas más grandes crecen muy cerca, en el entorno inmediato (la falta de salidas profesionales para los becarios de investigación, el bloqueo de puestos de trabajo en la Universidad, los recortes del presupuesto de investigación, la exportación forzosa de talento, la burocratización de las universidades, la endogamia, el relegamiento de las Humanidades en una sociedad casi pura de mercado…), pero también muy lejos (la imposición de una economía global especulativa sobre la economía productiva, la primacía de las finanzas globales sobre los estados nacionales, la quiebra de estados europeos como Grecia, Portugal o Irlanda, el calvario de la deuda en otros como Francia o España, la prepotencia de las agencias de calificación, los desacuerdos globales sobre cómo salir de la crisis…), una metáfora que no podría de ninguna manera concluir con la cabeza metida bajo el ala, en la burbuja perfecta de una investigación ensimismada, y allá caigan rayos;  ni tampoco en la convocatoria a salir a las barricadas a resistir heroicamente a no se sabe bien qué, aunque valga la pena hacer estación entre los indignados;  y menos dejándose caer en la poltrona del puesto institucional afianzado, convencidos ¡ay, Fabio! de la inutilidad de las esperanzas cortesanas.

La travesía habrá que continuarla, y seguir oteando el horizonte también habrá que hacerlo, por si amaina o por si recrudece, así que quizá lo mejor sea seguir en cubierta, y hablar de ello, de todo, de la navegación y de las turbulencias, porque si callar nos regala su prudencia, hablar nos hace en cambio inteligentes.

Brindo para que este “Patio de Comedias” pueda ayudarnos en eso. Y por su primer año de vida, y por el año nuevo.

Joan Oleza // Coordinador del proyecto TC/12

5 comentarios en “Mirando estoy el mar de mis enojos

  1. Me parece una entrada muy especial. Una visión sincera y humana de la situación en que nos encontramos. En estos tiempos tan revueltos, por todas partes injustos, irreales a veces (subyugados al poder de las agencias de calificación…), inciertos sobre todo, a dónde vamos los investigadores, entusiasmados con nuestros textos clásicos, pero a merced del viento cruel de un sistema que olvida a las humanidades… y a los humanos. Ánimo y a seguir adelante.

  2. Joan: es difícil, si no imposible, decir las cosas mejor, con las palabras más justas y la visión más aguda y certera. La verdad es que en estos tiempos negros, has conseguido darnos ánimos. Gracias

  3. Joan: es difícil, si no imposible, decir las cosas mejor, con las palabras más justas y la visión más aguda y certera. La verdad es que en estos tiempos negros, has conseguido darnos ánimos. Gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s