“Préstame tu macferlán”

A veces hay que ir a la teatro con gente que no va nunca y que no siente ninguna predilección especial por el arte escénico. Es una forma estupenda de relativizar tu punto de vista de “experto”. A veces, un escritor, un pintor, un director deberían pararse a escuchar lo que opinan de su trabajo las personas sin apego al hecho cultural. Siempre resulta una interesante lección de humildad.

Asistir al montaje de Luces de bohemia en el María Guerrero con gente que no sabe porque le han puesto ese nombre de mujer a un teatro… Yo iba como el devoto va a misa, porque se trata de mi obra de teatro favorita y porque jamás había podido verla sobre un escenario. Más allá de si la interpretación de Max Estrella no era lo suficientemente alucinada, de si la proyección en una pantalla de las acotaciones era o no pertinente, más allá del tremendo decorado compuesto por libros y más libros, se trataba de Luces de bohemia, no sé, para mí era inevitable tener una sonrisa tonta en la boca durante toda la función…

A la salida descubrí que mis acompañantes no habían entendido ni la cuarta parte de las ideas de la obra de Valle, que les había parecido farragosa y demasiado larga (y quizá no les faltaba razón y la tijera podría haber rasurado un par de escenas). Para ellos el texto no tenía ninguna magia especial, mientras yo esperaba el “cráneo previlegiado” y el “no te pongas estupendo” y el “pásame tu macferlán”, ellos no veían el momento de marcharnos a cenar. La escena del Ministro me pareció la más brillante y, aunque en las lecturas de la obra siempre me había decantado por las de Pica Lagartos, el preso catalán o la mujer con el niño muerto, sobre el escenario y en esta época de crisis, el momento en el que Max acepta con sarcástica resignación una exigua paga del Gobierno para sobrevivir encogía el corazón… ¡La poesía vendiéndose al poder para no desaparecer! Mis acompañantes, todos titulados con magníficas carreras mucho más útiles que la mía, desconocían al Marqués de Bradomín y a Rubén Darío. La obra les pareció aburrida.

Uno se da cuenta entonces de que para poder disfrutar de Valle, de la belleza extraña de sus acotaciones, de sus impresionantes diálogos y de sus personajes canallescos y/o desgraciados, no es suficiente con tener un mínimo de conocimientos sobre la historia española de principios de siglo o sobre las corrientes teatrales en la Europa moderna, también te tiene que apasionar la literatura tanto como a quien le gusta el alpinismo no sólo deber tener conocimientos técnicos sobre escalada, orientación o preparación física, sino también sentir un profundo amor por las montañas y el sacrificio que éstas exigen.

Y uno se puede preguntar si la gente no entiende algo que sea mínimamente complejo, un poco más que las tramas de Águila roja, si no es común para toda la  humanidad el gusto por la reflexión sobre nuestra condición miserable, sobre nuestras corruptelas, sobre la muerte… pero al final todo es más fácil y se trata de pasar el tiempo de la mejor manera mientras ésta llega. Algunos escogen el arte, otros montan una taberna, otros luchan por una sociedad mejor… Todos somos algún personaje de Luces de bohemia sobreviviendo entre el desorden del mundo.

Purificació Mascarell // Universitat de València

Un comentario en ““Préstame tu macferlán”

  1. Puri, toda una experiencia ir a ver tu obra favorita con gente que no la ha entendido y solo piensa en irse a cenar ¿no?🙂 Y sí que andamos sobreviviendo en el desorden del mundo… sí…
    Gracias por la crónica (¡y qué envidia!).

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