Calderón (también) es para el verano

Para mis compañeros calderonistas Noelia Iglesias, Alicia Vara 
y Fernando Rodríguez-Gallego, que vivieron algo parecido a lo que sigue.
 

Este día de agosto la doctoranda ha decidido darse un respiro. Guarda los testimonios de la obra calderoniana que edita en una carpeta amarilla, coge una toalla y se va caminando hasta el mar. Se quita las sandalias. Hunde los pies en la arena.  Después de tomar el sol durante un rato, se levanta y da un paseo por la orilla.

Muchachos que juegan a las palas, niños que hacen castillos de arena, chicas que se dan crema: los mismos actores todos los veranos. Alguien que lee el periódico, alguien que lee un libro. De pronto algo llama su atención. Es un hombre engominado y con gafas de sol que sujeta un tomo con las manos. La doctoranda afina la vista. ¿Es cierto lo que ve? Sí. Se trata de La vida es sueño.  Qué raro, no suele ser una lectura de playa. Es más, ella misma ha dudado siempre de que Calderón tuviera demasiados lectores hoy en día. Pero ahí tiene uno. Duda entre seguir caminando o comentarle algo. Finalmente, se acerca a él:

– ¿Está leyendo La vida es sueño?

El hombre mira primero a la chica y luego a la cubierta del libro:

– Así es.

– Yo soy calderonista.

Grita una gaviota. Luego, silencio.

– ¿Eso significa que te gusta Calderón?

– Bueno, en realidad, es más que eso. Estudio a Calderón.

Otro silencio.

– Entonces sabes mucho de Calderón…

– Mucho, mucho… no. En realidad estoy aprendiendo. Sabe más otra gente.

El hombre se levanta las gafas:

– Entonces, ¿hay más calderonistas?

– Sí, hay más…

– ¿Cuántos?

La muchacha se encoge de hombros.

– Oye, pues, ya que estás, podrías decirme qué significa esto… –señala unas palabras con el índice.

– ¿Ovas y lamas?

– Eso.

– Ah, pues son un tipo de algas…

-Ah, vale. Pues sí que sabes, sí.  Oye, otra cosa.

– A ver –se esfuerza por ser amable.

– No entiendo cómo alguien que se cae de un caballo puede decir “hipogrifo violento” y todas esas cosas. Vamos, que no puede ser. Si tú te caes del caballo como mucho gritas o así, pero esto… Además no sé que es eso de correr parejas con el viento.

La chica sonríe pero no comenta nada. Deja que siga hablando.

– Oye, y esto, mira, que uno dice “sabio Tales” y el otro “docto Euclides”, pero aquí lo han contado como un solo verso, ¿eso está bien o se han equivocado?

– Está bien.

– Chica, qué cosas.

Pasan un grupo de jóvenes corriendo y señoras hablando, un perro ladra desde la orilla a una mujer que se baña en el mar.

– ¿Le está gustando La vida es sueño?

– Ah, sí, sí, claro. Es un poco difícil–el hombre se lleva la mano a la nuca– pero me gusta. Escribe bien este Calderón. Oye, recomiéndame otra cosa suya. Porque esto –observa el lomo del libro y concluye con algo de presunción– me lo acabo esta mañana.

La doctoranda mueve un pie sobre la arena. Se lo piensa. ¿Le hablará de la comedia que está editando? ¿Le dirá que espere a la edición que ella prepara? Entonces, quizá, tenga que aclarar que hay diferencias entre las ediciones y que algunas están mejor anotadas que la que él tiene entre manos. Este día de agosto que había decidido dejar a Calderón en la carpeta amarilla…

Isabel Hernando Morata // Universidade de Santiago de Compostela

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