Crónica del Congreso Internacional “Fiestas calderonianas y comedias de espectáculo en el Siglo de Oro”

Cartel del congreso

Vaya por delante: el congreso fue una exquisitez. El programa prometía y cumplió su promesa. Sin tramoyas ni coros de ninfas, la cultura y el genio de los sabios reunidos convirtieron el encuentro en una auténtica “fiesta calderoniana”.

De izquierda a derecha: la Decana de la Facultad de Filología, María José López Couso; el Rector de la USC, Juan Casares Long, y el profesor Santiago Fernández Mosquera

El Rector de la Universidad de Santiago de Compostela, la Decana de la Facultad de Filología y el profesor Santiago Fernández Mosquera, organizador del congreso junto con Alejandra Ulla Lorenzo (ambos miembros del Grupo de Investigación Calderón), inauguraron las jornadas la mañana del jueves 27 de septiembre.

Alejandra Ulla, Luis Iglesias Feijoo y Don W. Cruickshank

La primera conferencia, de Alejandra Ulla, trató sobre la actividad teatral de Calderón en el período de luto por la muerte de Felipe IV (1665-1671). Durante este tiempo, Calderón reescribió obras de corral y pulió autos para su publicación. Por otra parte, el escriba conocido como Pseudo Matos Fragoso copió y corrigió treinta piezas, entre ellas seis de Calderón, por ejemplo, El Faetón y El monstruo de los jardines. Don W. Cruickshank intervino después para hablar sobre una de las siete epístolas que se conservan del dramaturgo. En ella se dirige a Francisco de Avellaneda para confirmarle que había recibido el borrador de una comedia a cuya representación no había podido asistir, pues se había visto “obligado a no salir de casa aquellos días, que se dio al pueblo la fiesta”. Se encontraba don Pedro mal de salud. Y firmó: Julio 30. de 1675.

Marcella Trambaioli, Alejandra Ulla y Teresa Ferrer

En la siguiente mesa, Marcela Trambaioli expuso algunas de las características de las fiestas cortesanas, como sus temas y fuentes. Asimismo enfatizó que no podía existir crítica directa al poder desde la fiesta mitológica, tesis que considera de validez universal. También se recordó que la actitud del Calderón cortesano es muy distinta a la de Lope. Sobre la obra del Fénix también habló Teresa Ferrer. Al llegar a España los escenógrafos italianos la comedia cortesana ya tenía sus bases; la profesora de la Universidad de Valencia ofreció noticias sobre “comedias de espectáculo” celebradas durante el reinado de Felipe II. Por otra parte, las relaciones entre la corte española y otras extranjeras fueron constantes: las cartas traían aviso y dibujos de espectáculos vistos en Florencia, la “vanguardia europea” del momento.

Margaret Greer, Santiago Fernández Mosquera, Maria Grazia Profeti y Frederick de Armas
Retrato del Príncipe Felipe Próspero, de Velázquez

Por la tarde, se juntaron en la mesa Margaret Greer, Frederick de Armas y Maria Grazia Profeti. La conferencia de la primera versó sobre la obra Eco y Narciso, representada ante la familia real; según la profesora de Duke University, en la figura de Eco se reflejaba la fragilidad de la infanta Margarita, imagen concordante con el desengaño barroco. El cuadro del Príncipe Felipe Próspero de Velázquez, que muestra al Infante rodeado de amuletos, evidencia esta preocupación en las familias reales. También se examinó el juego de espejos en Las meninas y en empresas de la época. A continuación, Frederick de Armas pronunció una conferencia sobre el pintor Timantes y y el arte de la pintura en El mayor encanto, amor. Para Calderón, Timantes es el pintor clásico que mejor sabe cómo alabar a los poderosos: ni con el naturalismo de Zeuxis, que expone sin disimulo los defectos, ni el ocultamiento de Apeles, que prefiere no mostrarlos: Timantes se vale del perspectivismo, apreciable en El mayor encanto, amor, en que se alaba y al mismo tiempo se esconde el defecto del Monarca. La última conferencia del día fue de Maria Grazia Profeti, quien abordó la relación entre Gozzi y Calderón. El escritor italiano arregló algunas comedias del español de tal modo que en algunos casos la fuente española parece desaparecer; otras adaptaciones pueden considerarse verdaderas óperas. En el caso de Eco y Narciso, Gozzi produjo una versión amable y divertida. Con este ejemplo de rescritura extrema se cerraban las intervenciones del primer día.

Julio Vélez, Yolanda Novo y María Teresa Chaves
Andrómeda y Perseo, de Rubens

El viernes 28 Compostela nos regaló otro día de sol. Y del astro se habló nada más comenzar la mañana. Julio Vélez, tras mencionar la presencia del Rey Sol en obras de Lope, Calderón, Feliciana Enríquez de Guzmán y el Conde de Villamediana, planteó la posibilidad de aplicar la distinción kantiana entre “parergon” (adornos) y “ergon” (esencia) a las fiestas cortesanas del Siglo de Oro. Sobre las grandes y costosas escenografías de estos espectáculos también trató María Teresa Chaves, que se centró en el mito de Andrómeda y Perseo. Fue este uno de los más representados, quizá debido a su difusión inconográfica: famoso es el cuadro de Rubens sobre el tema. Se enseñaron dibujos de los decorados para la puesta en escena, para las que, al parecer, Calderón tomó ideas de Corneille.

María Luisa Lobato, Alicia Vara, José María Díez Borque y Judith Farré

Tras la pausa, José María Díez Borque trató los excesos económicos del teatro de palacio. Las obras de espectáculo eran tan caras que suscitaron multitud de protestas. Falta documentación sobre el gasto de las puestas en escena de los corrales, pero está claro que las fiestas palaciegas eran todo un derroche. María Luisa Lobato habló, entre otros aspectos, de la función de los graciosos como “espabiladores”, que compartían con algunos habitantes de la corte, como los bufones. La sesión de la mañana tuvo fin con la conferencia de Judith Farré, quien planteó el tema de la autoescritura y la parodia en las loas: las alusiones metateatrales y el elogio de las circunstancias de la puesta en escena son parte de la morfología de estas piezas breves.

Santiago Fernández Mosquera, Marcella Tramabioli, Margaret Greer, John Elliott, Maria Grazia Profeti y Frederick de Armas

Y por la tarde llegó la mesa redonda. Algunos se refirieron a ella como “la mesa soñada”. No era para menos. La sesión se titulaba “El significado político de las fiestas cortesanas de Calderón” y en ella intervenían John H. Elliott, Frederick de Armas, Margaret Greer, Marcella Trambaioli, Maria Grazia Profeti y Santiago Fernández Mosquera. Pongámonos en antecedentes: John H. Elliot, historiador tan célebre que es conocido entre filólogos, y los dos profesores americanos defienden, con unos u otros matices, que Calderón introduce en sus fiestas cortesanas críticas, censuras o consejos dirigidos al Monarca; los otros tres participantes niegan la posibilidad de esa interpretación política. Tal era la expectación que creíamos que alguien iba a decir eso de “un, dos, tres ¡ya!”. Pero la mesa fue un ejemplo de diálogo y razonamiento, de elevado nivel intelectual, de respeto y admiración por las teorías de los demás.

Santiago Fernández Mosquera comenzó con la lectura de algunos fragmentos del libro de autoría compartida entre John H. Elliot y Jonathan Brown Un palacio para el Rey. También anunció la discrepancia entre los participantes en la mesa sobre la interpretación política de los textos.

El profesor Elliott sostuvo después que la obra de Maravall ha deformado el entendimiento de la época. Considera tres tensiones importantes para la interpretación política de las obras: en primer lugar, hubo control por parte de los Austrias sobre la opinión pública, pero no tanto como se creía. El poder de la monarquía hispánica era diferente en los distintos territorios que la conformaban. Los súbditos debían obedecer al Rey, pero también era deber del Rey escuchar a sus súbditos. Decirle la verdad al Monarca no implicaba una deslealtad. En segundo lugar, considera la obra de Calderón una defensa de la política del Conde Duque de Olivares en un momento muy difícil para este, pues la Corona se apoyaba económicamente en los judíos portugueses; la tercera tensión se debía a la existencia del valido en el cual delegaba el Rey. Elliott alegó que los espectadores de  El mayor encanto, amor obligatoriamente verían en Ulises al Rey que desatiende sus labores. Contenía un mensaje para el Rey: “despierta”.

Marcella Trambaioli consideró que en el Siglo de Oro coexistían de forma conflictiva dos culturas: la clerical, que se expresaba a través de la escritura, y la laica, que aún no se había independizado. Esta propone una exégesis que no aspira a una verdad divina. Hay distancia entre el autor áureo y el de hoy en día; ambos poseen conceptos muy distintos del arte, el artista y su función. Calderón reivindicaba su capacidad de servir al Rey.

De Armas volvió al pasado para recordar cuándo empezó el debate sobre la interpretación política de las obras de Calderón. En 1986 publicó El retorno de Astrea, en el que desarrollaba la idea de que, en el Renacimiento, los poetas acudían a este mito para pedir la vuelta a una época de perfección. Más tarde se dio cuenta de que en La vida es sueño aparecían acontecimientos astrológicos quizá relacionados con el nacimiento de Felipe IV. De esta forma, el público podía haberse preguntado si Segismundo era un príncipe perfecto, y la obra entonces habría servido para cuestionar al Monarca. En El mayor encanto, amor y Los tres mayores prodigios no puede haber una imagen positiva del reinado de Felipe IV.

Según Maria Grazia Profeti, hay que observar qué significa el texto literario en relación a un emisor y al destinatario de su tiempo. El texto se percibe de forma distinta en épocas distintas. Los primeros que juzgaron las obras fueron sus contemporáneos. A nosotros nos llega un “hipotexto”, un texto reducido, sin música y sin interpretación. Para entenderlo, no podemos basarnos solo en esa forma literaria. Somos incapaces de percibir todos los sentidos de la obra. Descartó la profesora italiana el valor político de las obras.

Margaret Greer afirmó que hay varios niveles de interpretación del texto. El más importante es la alabanza que con él se realiza al Rey. El segundo consiste en  interesar al público, encontrar una interpretación del mito para que se convierta en emisario de un contenido. El tercero es introducir un sutil mensaje para que el Rey corrija algo que no está haciendo bien.

Santiago Fernández Mosquera manifestó que le parece una exageración ver críticas muy concretas. De haberlas, se hubiera conservado algún testimonio de la reacción. Para Greer, precisamente la falta de reacción puede ser muestra del éxito de Calderón; Santiago Fernández Mosquera alegó que se conserva la crítica de los embajadores florentinos, que no ven lectura política alguna.

En el debate se siguieron apuntando ideas interesantes. Díez Borque no veía factible que Calderón hiciera crítica si vivía en la Corte. La crítica se hacía en los pasquines y en los mentideros. Luis Iglesias Feijoo declaró que las tesis de Maravall han afectado no solo a la crítica literaria sino también a la artística, y sugirió además que quien eligió el tema de El mayor encanto, amor pudo ser Olivares, con lo cual la interpretación de la obra cambia. Según María Luisa Lobato, por medio de los personajes se podía presentar una forma de vivir, esto es, la enseñanza moral era algo natural en la creación literaria. Julio Vélez observó que este tema ejemplifica el enfrentamiento entre el modelo europeo, positivista y de trabajo en grupo, y el anglosajón, mucho más individualista. Don W. Cruickshank insistió en que es imposible no ver interpretación política en Amor, honor y poder: cualquiera pensaría que la isla de Circe representaba el Retiro.

Luis Iglesias Feijoo, Alicia Vara, Noelia Iglesias, Enrica Cancelliere y Juan Manuel Escudero

Llegamos al sábado. Juan Manuel Escudero comenzó la última sesión con su conferencia sobre la comedia caballeresca El castillo de Lindabridis. Hubo un repaso de las representaciones y ediciones, el argumento y las fuentes de la obra y luego un análisis de su puesta en escena: la danza, el escenario y los trajes están al servicio de la espectacularidad, a pesar de que esta es más bien parca en comparación con tras fiestas cortesanas. Enrica Cancelliere analizó cómo construye el dramaturgo la fábula de Amor y Psique según los mitos paganos y la adapta a la forma teatral. Entre los elementos maravillosos de la fiesta está por ejemplo la iconografía del principio, que recuerda al cuadro La primavera, de Botticelli. La última presentación del congreso fue la compartida por Luis Iglesias Feijoo y Alicia Vara sobre La estatua de Prometeo. Las obras protagonizadas por personajes de la mitología presentan un lenguaje más elevado: en esta comedia en concreto destaca la retórica alrededor del contraste entre las luces y las sombras y las imágenes se acumulan hasta el desbordamiento. La directriz parece ser crear una obra de arte total.

Final del Congreso en la entrada de la Casa de Europa

Se acabó el congreso, pero no los debates. Seguíamos hablando al salir de la Casa de Europa. Y seguiremos hablando, en otros sitios y otros momentos. Porque los clásicos siempre darán que hablar.

Programa oficial del Congreso.

Isabel Hernando Morata // Universidade de Santiago de Compostela

2 comentarios en “Crónica del Congreso Internacional “Fiestas calderonianas y comedias de espectáculo en el Siglo de Oro”

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