Vida y obra de un dramaturgo

El pasado septiembre, paseando sin rumbo fijo por el barrio del Marais de París, me topé con el Instituto Sueco y, a través de su pulcritud inmaculada a lo IKEA, llegué a una solitaria sala donde había una pequeña pero excelente exposición sobre la vida y obra de su dramaturgo más internacional: August Strindberg.

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La recepcionista, con un rostro digno de un primer plano de Bergman, me preguntó de dónde era yo y si conocía a Strindberg. Le dije que Strindberg me fascinaba y que venía de una ciudad donde, afortunadamente, se estaba representando a este autor por parte de varias compañías privadas (El Pelícano por Escena Cero, La señorita Julia y La más fuerte por La línea continua). También le señalé la excelente edición de la novela El salón rojo recién publicada por la editorial Acantilado. Y, quizá exagerando un poco mi opinión para hacer feliz a la chica, le dije que Strindberg era un autor con un gran futuro en España. Entonces ella me regaló un librito de La señorita Julia traducida a varias lenguas. Su gentil acto me impulsó a preguntarle si de pequeña había jugado con unos niños llamados Fanny y Alexander. Azorada, confesó que no mientras destapaba su merienda: un yoghurt de fresas silvestres.

El pelícano

“El pelícano” por Escena Cero

Acaba de caer entre mis manos La noche de las Tríbadas (Tibadernas natt, 1975), una pieza dramática de Per Olov Enquist, sueco que fija su mirada en el gran dramaturgo nacional para diseccionar su alma misógina y ególatra. En marzo de 1889, Strindberg, su esposa Siri (de la que se encuentra separado), la amante de Siri, Maria David, y Schiwe, un actor mediocre que se ha acostado algunas veces con la mujer del dramaturgo, se reúnen para ensayar La más fuerte. Pero la tensión entre los cuatro no permite que el trabajo avance. Pronto descubrimos que el espíritu de Strindberg se encuentra paralizado desde esa noche, bautizada por él mismo como “de las Tríbadas” (amantes lésbicas en la antigüedad clásica), en la que encontró a Siri en la cama con dos mujeres (Maria, una de ellas) capaces de proporcionarle toda la ternura y la autoestima que él le escamoteaba. Las opiniones que Per Olov Enquist coloca en la boca de Strindberg no tienen desperdicio:

“¿Sabe? Estamos en el año 1889. Y esta mierda de mujeres emancipadas hace la tira de años que hablan de libertad femenina. Pero no hacen nada. Más de la mitad de la población mundial son mujeres. Pero estas pobres desgraciadas no han conseguido liberarse de nada. La historia está llena de hombres oprimidos que se han levantado contra sus tiranos y han conseguido la libertad. Las mujeres únicamente parlotean, y eso me saca de quicio. Yo me sumerjo en el trabajo y, al medio año, reaparezco con un par de obras de teatro, una novela y decenas de artículos. Miro a mi alrededor y veo a las mismas mujeres que todavía parlotean sentadas en los mismos salones. ¿Han asesinado algún opresor? ¿Han cortado algún cuello? ¿Han hecho volar por los aires alguna prisión? ¿Han provocado alguna revuelta, algún pequeño movimiento? ¿Hay sangre salpicando las paredes? No. Las monas todavía cotorrean y cotorrean. El día que consigan la libertad, les tendré respeto.”

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Los hermanos Josep Lluís y Rodolf Sirera, con pasión hacia la obra brechtiana y, al mismo tiempo, capaces de obviar el mito para acercarse al ser humano que fue el dramaturgo alemán, escribieron El dia que Bertolt Brecht va morir a Finlàndia. La obra gira en torno a un episodio de la biografía del escritor: su huida de los nazis a través de los países nórdicos y su encuentro con una perspicaz y dulce campesina finlandesa, admiradora del autor desde que vio una de sus obras representadas en un pueblo cercano a su aldea. Brecht, como todos nosotros, es un ser contradictorio, repleto de defectos. Su genialidad artística no borra su misoginia, vanidad, egoísmo e insensibilidad, según indican algunos aspectos de su biografía (dicen que era un director de escena carente de la mínima piedad). Su relación utilitaria con las mujeres y, no obstante, la influencia de éstas en su obra planea en esta pieza que toma una figura mítica del teatro del siglo XX para hacernos reflexionar sobre esas pequeñas miserias que afean cualquier trayectoria vital.

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¿Para cuándo una dramaturgia sobre el hombre y el artista que fue Lope de Vega? Una obra que fusione la vertiente más íntima del personaje con su precursora dimensión pública, su ambición profesional y sus amoríos, sus relaciones con el poder, con el mundo cultural barroco y con sus seres queridos, y todo ello regado por sus versos en escena. Si no se ha hecho todavía, sería una propuesta tan necesaria como atractiva.

Purificació Mascarell // Universitat de València

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