De teatro a teatro, y tiro porque me toca

Leyendo el teatro de Cervantes, esos artefactos tan inclasificables que son sus comedias, con su arquitectura episódica, sus héroes de identidad ambigua y problemática, su gracioso atomizado o su tendencia a tomar recursos del teatro prelopesco, una se pregunta cómo serían las comedias La batalla naval, El bosque amoroso, La única o La bizarra Arsinda, que parece ser triunfaron antes del boom de Lope de Vega y de las que sólo conservamos su referencia en la Adjunta en prosa al Viaje del Parnaso.

ParnasoLa confusa. Cervantes estaba muy orgulloso de esta comedia. ¿Sobre qué trataría? Sabemos que la representaron Gaspar de Porres y Juan de Acacio, pues figuraba en sus repertorios. Sin embargo, el texto permanece perdido. Cervantes, que quiso triunfar en el teatro al margen de los principios de la Comedia Nueva, tomando algunos para su provecho, transgrediendo otros sin dudarlo en comedias como La entretenida, donde lo pone todo patas arriba hasta negar el matrimonio final a los personajes, nos deja con la miel en los labios ante sus otras comedias. Y fantaseando con que alguien las localice en algún insólito lugar, por qué no.

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En su época sí triunfó como autor dramático y como director de sus propias obras Jean-Baptiste Poquelin, es decir, Molière. Después de la nostalgia por lo desconocido, después de echar de menos la lectura de unas comedias que nunca disfrutaré, me marcho a ver un entrenamiento actoral a cargo de La Jove Companyia d’Entrenament Actoral, un proyecto que surge de la ESAD de Valencia para dar continuidad al trabajo y la formación de los actores recién graduados de la Escuela. Antes de presentarnos su particular visión del Tartuf de Molière, nos invitan a presenciar una de sus sesiones de entrenamiento donde, ante nuestros asombrados ojos, se hace evidente la multidisciplinariedad del proyecto formativo. No en balde los actores trabajan disciplinas técnicas tan variadas como la danza contemporánea, el clown, el bufón, la lucha escénica, la danza butoh, la manipulación de marionetas, el mimo, la acrobacia, el canto, la percursión corporal, el tai-txi (aquí es posible verlos en acción) o la commedia dell’arte. Precisamente, en clave de commedia dell’arte ponen en escena la obra de Molière.

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El trabajo físico de cada actor, dando vida a los archipersonajes de Pantaleón, Arlequín, la “serva” o el “innamorato” es brutal. Cada gesto, cada movimiento, es técnicamente perfecto y por ello, admirable. De hecho, el espectador se encuentra tan obnubilado por el juego escénico de las múltiples máscaras que, inevitablemente, la obra de Molière pasa a un segundo plano y se convierte en un pretexto para realizar un alarde, magnífico, sin duda, de técnica física. Pero, ¿y el Tartufo? Cabría preguntarse hasta qué punto resulta hoy potente la figura teatral del falso devoto tal como la dibujó el autor francés. Devotos quedan tan pocos (¿conseguirá el papa Francisco aumentar su número?)… Aunque hipócritas haya demasiados.

347px-LeMisanthropeAlceste, el misántropo, es quizá un personaje de mayor modernidad. Más que nunca apetece escapar, como hace él en la última escena de la obra: “Traicionado por todos, de injusticia abrumado, voy a salir de un mar donde triunfan los vicios. Y a buscar en la tierra algún lugar remoto donde tenga licencia de ser un hombre honesto”. Huir, quizá, con las comedias de Cervantes debajo del brazo, para tratar de aceptarlas tal cómo son y prescindir de siempre compararlas con las del Fénix. Y para seguir soñando con los versos y las aventuras de las que nunca podremos leer.

Alberto San Juan
El actor Alberto San Juan en plena lectura de “Rumbo a peor” de Beckett

PD: Si, por el momento, resistimos las ansias de huida y nos quedamos, a veces se puede gozar de representaciones teatrales de primera división. Un trozo invisible de este mundo, la obra escrita e interpretada por un soberbio Juan Diego Botto y dirigida por Sergio Peris-Mencheta, está girando por España perseguida por un rotundo y totalmente merecido éxito (hacía tiempo que una obra de teatro no me dejaba un impacto mental tal prolongado). Y Rumbo a peor, texto de Beckett asumido por Alberto San Juan como un angustiante traje a medida y que confirma al maestro del absurdo existencial como el dramaturgo más lúcido del siglo XX.

Purificació Mascarell // Universitat de València

2 comentarios en “De teatro a teatro, y tiro porque me toca

  1. “sus héroes de identidad ambigua y problemática, su gracioso atomizado”, ¿un ‘atomizado’ que resulta que es gracioso? Uds. hablan en computes, a fin de sonar como gringos. Y otra cosa; hablan en computés para decir lugares-comunes como éste: “identidad ambígua y problemática”, pues lo ‘ambíguo’ suele ser ‘problemático’ para alguien o algo en alguna parte o tiempo (estoy siendo irónica).

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