Olmedo, nocturna y teatral

Olmedo ha servido de marco para el congreso más importante de los organizados, tras casi cuatro años de trayectoria investigadora, por el proyecto TC/12. El enclave no podía ser más idóneo: si de día se hablaba, desde todos los puntos de vista posibles, de la investigación sobre el teatro clásico, de noche, dentro del Festival Olmedo Clásico, el filólogo sentía bombear la sangre de los clásicos a través de los trabajos escénicos de cinco distintas compañías. Por la noche, de poco servían el manuscrito y la bibliografía pues, como dijo Blanca Portillo en su mesa de debate, los actores (de clásico o no) siempre que suben al escenario lo hacen con el objetivo de emocionar al espectador. Eso es el teatro. Y la emoción parece reñida con las variantes. O quizá no.

Cartel2013OlmedoClasico_600El último de los montajes que pudo verse dentro del congreso, La dama boba de la Compañía Micomicón, con la incombustible Laila Ripoll al frente del proyecto tras casi veinte años de defensa escénica de los clásicos, fue la guinda perfecta a cinco noches que dieron mucho de sí en los corrillos filológicos, siempre ávidos de carnaza escénica. Repasemos.

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Hay que tener en cuenta que, pese al tremendo éxito de Ron Lalá con su Siglo de Oro, siglo de ahora, no estamos ante una representación de teatro clásico propiamente dicha, sino ante un espectáculo que, tan atrevida como magistralmente, toma como pretexto el teatro clásico para crear un artefacto a caballo entre el entremés posmoderno y el musical tan en boga (sin despreciar la crítica social: Siglo de Oro, siglo de ahora, en efecto, porque todavía nos invaden las mismas lacras que ya denunciaron los autores áureos). Se trata, así, de una conjunción brillante basada en un ritmo ágil y en lúcidos hallazgos, como la escena en la que Hamlet y el Quijote deciden intercambiarse los autores, hartos de aguantar a los “originales”, para pasar a la historia como hijos literarios de Shakespeare y Cervantes respectivamente. Ron Lalá confirma que sí, que el teatro clásico está de moda, y que una nota a pie de página puede convertirse, con descaro y sin perder el rigor, en motivo de chanza.

El Rey Perico y la Dama Tuerta_1La comedia burlesca El rey Perico y la dama tuerta de Diego Velázquez del Puerco, aunque conducida por soberbios actores cuyo trabajo físico debe elogiarse, resulta monótona en su desarrollo. La mayoría de espectadores especializados coincidieron en el principal defecto de este montaje: su duración de hora y media. Los recursos cómicos que funcionan en una pieza corta, agotan por su reiteración en una larga. Aún así, la compañía La Cantera logró sacar el máximo partido de un texto y un género que, probablemente, resultan muy alejados de nuestros intereses teatrales.

secreto-agravioEl texto de A secreto agravio, secreta venganza sí es de gran altura, y sin embargo, la compañía El Óbolo no le hizo justicia. La carencia de expresividad comunicativa en los actores (si buscada por el director, mal hallada; si defecto profesional, una tara difícilmente perdonable) lograba justo el efecto contrario al señalado por Portillo: en vez de emocionar, dejaba fríos como un témpano a los espectadores. Además, los cortes realizados sobre el texto y la dispersión que provocaban muchos de los recursos escénicos, impedían un seguimiento coherente de la trama, sobre todo para los espectadores menos duchos en teatro clásico.

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Los ánimos se vinieron arriba con La mujer por fuerza, dirigida por José Maya en un montaje claro y limpio que ponía de relieve la fuerza de una pieza tirsiana cercana en su enredo al inefable Don Gil. La puesta en escena gustó mucho y con razón. Su apuesta por la sobriedad y la elegancia, tanto a nivel interpretativo como escenográfico, permitía dejar al aire la trama y los versos, de modo que la historia llegaba al espectador con gran fluidez, seduciéndolo.

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Pero el juego escénico que Micomicón planteó con La dama boba en homenaje a los cómicos de la legua de todas las épocas, merece un elogio a parte. De repente, nos situábamos en el Olmedo de los años 40 del siglo XX, observando a unos actores prepararse para salir a escena, no sin antes levantar el brazo de rigor cuando se escucha por la radio el Cara al sol y tomar la decisión de que el traspunte debe sustituir al segundo galán como buenamente pueda ante la inminente función (a los filólogos, cuando criticamos, se nos pasa por alto que los teatreros suelen contar con unas posibilidades muy limitadas a las que deben adaptarse para tirar adelante con su trabajo).

05042013-Dama-Boba-acompañadaEl montaje rinde pleitesía al teatro ambulante, al teatro de tablado y de plaza de pueblo, a las pequeñas compañías familiares de repertorio que se dejaban la piel por los caminos de España, desde que el teatro es teatro profesional, y Solano y Ríos nos lo contaban en El viaje entretenido. Y, cómo no, Micomicón lanza un guiño emocionado a Fernando Fernán-Gómez y El viaje a ninguna parte (el recitado henchido y pomposo del segundo galán durante los primeros compases nos remite al del entrañable don Arturo). Todo el montaje se funda sobre los vínculos con el pasado escénico más genuino y popular de nuestro país. Esos cómicos de la legua que, más bien o más mal, llevaban dentro de su andrajosa maleta a los clásicos áureos.

imagesEn este espectáculo, el teatro se mete dentro del teatro. La ficción de los actores del XX invade la ficción lopesca con desvergüenza. Dos ejemplos: el actor que hace del barbas es un borrachín cuyos fallos de memoria le llevan a introducir una parrafada de Segismundo cuando menos se lo espera el espectador y cuya afición al fútbol le impulsa a gritar gol entre bambalinas mientras el resto de actores trata de disimularlo ante el público. Y luego está la rifa, esas tiras de papel con números que recibes antes de entrar a la corrala y que sirven para participar en un sorteo celebrado entre el acto segundo y el tercero donde se rifa una espléndida caja de carne de membrillo “El Quijote”, el patrocinador del espectáculo que invade la escena con su propaganda siempre que la acción lo permite.

“¡Deja las avellanicas, moro,/ que yo me las varearé!…”, la canción del tercer acto, dedicada a la figura del indiano, cantada a ritmo de cumbia entre jocosos bailes se contagia al espectador. Y, cuando este regresa a las calles de Olmedo, le acompaña en sus reflexiones: La dama boba de Lope queda dentro de un artificio, es un elemento interno dentro de la estructura general de la función, y esto puede sublevar a los conservadores y ortodoxos de no se sabe bien qué. Sin embargo, el espectáculo funciona, cautiva.

El clásico se usa para lanzar un mensaje metateatral, una reivindicación desde Micomicón a la sociedad actual: no podemos olvidar el legado interpretativo de los cómicos de la legua y todo su significado histórico, social y cultural. A través de un doble ejercicio de recepción (por un lado, recibimos un espectáculo del siglo XXI en 2013; por otro, jugamos a imaginar cómo sería recibir La dama boba en 1946 con las técnicas y medios de la época), el montaje de Laila Ripoll añade una reflexión más a las planteadas en los sesudos debates del Congreso del TC/12: el teatro clásico español es, sobre todo, la historia de sus representantes y las condiciones de su recepción en cada época. Todos lo sabemos pero, a veces, viene bien que los teatreros nos lo recuerden. Y, tanto mejor, si es haciendo teatro.

Purificació Mascarell // Universitat de València

6 comentarios en “Olmedo, nocturna y teatral

  1. Completamente de acuerdo con la reseña de estas cinco obras, tanto en lo bueno como en lo malo. Los espectadores pudimos ver grandes aciertos, ideas fallidas y, ante todo, unas obras de teatro “clásico” que no lo son en realidad si entendemos “lo clásico” como algo perenne pero situado inexorablemente en el pasado: pues son representaciones vivas, que, a partir de textos plenamente vigentes desde el punto de vista literario, plantean conflictos que siguen proponiendo retos al público de 2013.

  2. Una entrada magnífica; no puedo estar más de acuerdo en todos tus comentarios.
    Qué suerte tuvimos los que asistimos al congreso de poder reflexionar sobre teatro de día y VER (¿o sería más acertado “vivir”?) teatro de noche.

  3. ¡Excelente crítica teatral! Creo que Puri ha expresado muy bien el sentir general de lo que presenciamos la semana pasada en Olmedo. Con más o menos aciertos en las propuestas escénicas, fue una gozada poder combinar la teoría con la práctica e intercambiar impresiones tras las representaciones.

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