“Pues yo creo que el teatro clásico español…”

Fotograma de "El espíritu de la colmena" (1973)
Fotograma de “El espíritu de la colmena” (1973)

¿Se puede hablar en una misma mesa de congreso de los signos de la sexualidad reprimida en la película de Víctor Erice El espíritu de la colmena y de teatro clásico español? ¿Una mezcla un poco rara? ¿Y si añadimos que la tercera participante habla sobre la memoria histórica en el film Las trece rosas? En el congreso de la Association for Contemporary Iberian Studies (ACIS) celebrado en Lisboa los días 9, 10 y 11 de septiembre ha sido posible esta fusión temática porque este encuentro, precisamente, trata de potenciar las relaciones entre especialistas de cualquier campo relacionado con la cultura, la historia y la política en la península ibérica.

cartel
Cartel de “El alcalde de Zalamea” de la CNTC en coproducción con el Teatre Nacional de Catalunya.

Los asistentes, por lo tanto, pueden ser sociólogos, economistas, politólogos, pedagogos, humanistas, musicólogos, historiadores, psicólogos, y no necesariamente expertos en Filología Hispánica. Por eso me sorprendió descubrir, tras mi charla sobre la anómala recepción escénica del teatro barroco a lo largo del siglo XX español y el nuevo paradigma desideologizado, lúdico y posmoderno en el que hoy se mueven los espectáculos de clásico en España, que se iniciaba un debate apasionado en el que historiadores, especialista en cine y música, o simples estudiantes de Grado se preguntaban por la adoración mundial hacia la figura de Shakespeare frente al desconocimiento en torno a Lope o Calderón, o discutían sobre la posibilidad de que las nacionalidades periféricas españolas acepten como propia una compañía “nacional” dedicada al teatro clásico.

Juan Diego Botto como Hamlet y Fernando Cayo como Segismundo
Juan Diego Botto como Hamlet y Fernando Cayo como Segismundo

Otros deseaban saber cuál es el estado actual de la proyección del teatro barroco español en las tablas europeas, alguno preguntó por el uso didáctico de la puesta en escena del teatro clásico para los estudiantes de educación secundaria, incluso había quien lamentaba que en España no existiera algo parecido al reconstruido Globo inglés para escenificar a nuestros autores del Siglo de Oro. Por supuesto, se levantó un cuchicheo general en el que la palabra “Almagro” se convirtió en trending topic. También hubo comentarios sobre las nuevas lecturas políticas de los clásicos, entre las que destacaron las Fuenteovejunas de Emilio Hernández y Lucía Rodríguez Miranda, o comparaciones entre la profundidad y universalidad del Hamlet shakespeariano con nuestro querido Segismundo.

"De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez", de Lucía Rodríguez Miranda
“De Fuente Ovejuna a Ciudad Juárez”, de Lucía Rodríguez Miranda

En la pausa para el café, varios espectadores del debate se acercaron para seguir planteando opiniones variopintas que ponían en evidencia su desinteresado interés en el teatro clásico español. Una investigadora vasca que vive desde años en el extranjero me aconseja, casi como experta, que no deposite muchas ilusiones en el futuro de Compañía Nacional de Teatro Clásico: “Ya verás, a la larga le ocurrirá como a la Comédie… El modo institucional de interpretar a los clásicos acaba sufriendo de esclerosis, el riesgo y la innovación se abandonan…”. Total que, tras algunas noches de fado (su puesta en escena merecería un post a parte) y maravilloso bacalao, tras ver a Pessoa en persona (valga la redundancia) en su propia casa de la rua Coelho da Rocha, 16 (¿de dónde han sacado un actor que se le parece tanto?) y visitar una de las librerías más espectaculares de la península, regreso a casa muy sorprendida: ¡El teatro clásico español es objeto de polémica e interés fuera de su propio ámbito de estudio! Aunque no sé por qué me asombro tanto. Debí haberlo supuesto: si Lope y Calderón son clásicos es porque todavía logran ponernos patas arriba.

"Dom Quichotte", por la Comédie Française (2008)
“Dom Quichotte”, por la Comédie Française (2008)

En el congreso de la ACIS se me ha hecho muy evidente la necesidad de sacar al teatro clásico de los dominios filológicos para conducirlo, desde la transversalidad que admite, hacia otros ámbitos donde se le espera con los brazos abiertos. Al mismo tiempo, se hace patente la necesidad de exportar cuanto antes los montajes de clásicos, sean públicos o privados, fuera de nuestras fronteras: hay público deseoso de conocerlos. A veces hay que observar desde lejos para valorar en su justa medida lo que siempre vemos desde cerca. El teatro clásico español tiene un futuro excelente a nivel internacional, pero solo si sabemos jugar bien nuestras cartas en la partida global de la cultura. ¿A qué esperamos?

"Partida de cartas", de Caravaggio (1595)
“Partida de cartas”, de Caravaggio (1595)

Purificació Mascarell // Universitat de València

3 comentarios en ““Pues yo creo que el teatro clásico español…”

  1. Leí con interés lo que cuentas y me gusta esto que dices: sacar al teatro clásico de los dominios filológicos (sin olvidarlos) para conducirlo desde la tranversalidad a otros ámbitos. La reflexión sobre lo propio y lo ajeno de una tradición tan vasta siempre será bienvenida. Yo me encuentro en ciudad de México y no hay duda de que este teatro interesa y gusta; a veces a público tan variopinto que no se esperaría.

  2. Gracias, Guadalupe, por tu comentario. En efecto, Latinoamérica debería ser un objetivo prioritario a la hora de exportar buenos montajes españoles de teatro clásico… otra cosa es hablar de los medios, públicos o privados, disponibles para ello. La Compañía Nacional de Teatro Clásico ha visitado en algunas ocasiones países como Argentina o México, pero las giras latinoamericanas han sido intermitentes, sujetas a criterios volubles, cuando deberían ser algo sistemático y totalmente asentado. Se trata de un reto más para el futuro del teatro clásico español, junto con el de hacer sentir a los hispanoamericanos que este teatro es también patrimonio suyo, tal como en Estados Unidos se siente a Shakespeare.

    • Sin duda hay mucho que hacer para evidenciar y potenciar a este teatro como un patrimonio, fruto de una lengua en común. México en particular, viene padeciendo un rezago educativo bárbaro en materia de lecto-escritura que aunado a una política cultural veleidosa hace más difícil el camino. Sin embargo hay esfuerzos, hay muchos montajes de clásico, se les estudia mucho en todas nuestras universidades. Considero que falta darle al trabajo una visibilidad continuada, lograr que el flujo entre Latinoamérica y España sea parte de una política de fortalecimiento de nuestra lengua. Almagro logra su parte, varios grupos mexicanos han ido por allá y el Festival tiene sin duda un prestigio, hay que pensar formas para generar otros circuitos y conectarlos. Saludos y gracias por este blog

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