Versiones teatrales de diálogos académicos

Yasmina Reza ha sido, durante los últimos quince años, la dramaturga estrella de la literatura francesa. Al menos nadie puede negarle el puesto de la más mediática fuera de las fronteras galas —a ello contribuyó Roman Polanski con su versión cinematográfica de Un dios salvaje en 2011— y el de la autora contemporánea extranjera que más veces se ha subido a las tablas españolas. En otro lugar y respecto al texto que interesó al director polaco, señalé:

De la parisina sorprende su capacidad de sintetizar, en un diálogo veloz y ágil, todos los tics defectuosos que pueblan nuestras relaciones amistosas y amorosas: somos irrespetuosos, ladinos, ególatras. Su gran mérito es dejar al descubierto nuestras pequeñas miserias, las de los hombres y mujeres de la clase media occidental que se creen moralmente perfectos. Quizá la autora francesa es la heredera postmoderna de la comedia de costumbres de Molière. Porque Yasmina Reza sabe que la comedia es el mejor antídoto contra las miserias humanas. La sonrisa se congela en la boca al descubrir que también nosotros somos cínicos, manipuladores y despreciables.

tres versiones de la vida

En su obra de 2001, Tres versiones de la vida, como en Arte, Una comedia española y la mencionada Un dios salvaje, Reza hurga sin piedad en esas pequeñas miserias, especialmente, en las relacionadas con la consecución de un puesto en la universidad. Como su título indica, esta comedia ofrece tres variaciones sobre una misma escena: la visita de un reputado profesor, Humberto Finidori, y su entrometida esposa, Inés, a la casa de un subordinado del departamento de la universidad, Enrique, que vive obsesionado con un ascenso a la categoría A y agobiado por un esposa autoritaria, Sonia, que no cesa de recordarle su humillante servilismo ante Humberto. Si la primera escena es memorable, las otras dos variaciones (más breves, eso sí) pierden fuelle y no resultan ni de lejos tan ingeniosas, de modo que la obra despega como un cohete y decae en su segunda parte.

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En cualquier caso, me interesa rescatar aquí cómo Reza, con sorprendente savoir faire, transforma en materia de diálogo teatral las típicas conversaciones de simposio académico o de despacho universitario, cargadas de los absurdos fantasmas de la competividad entre colegas —absurdos, desde luego, para quien los ve desde fuera, aterradores para los afectados, claro—. Enrique, paralizado por la angustia de no dar la talla, lleva tres años sin publicar ningún artículo nuevo sobre su especialidad y, ahora que por fin está a punto de sacar una investigación a la luz,…

Humberto: Bueno, ¿y cómo va con el aplanamiento de los halos?

Enrique: He terminado. Presento el artículo antes de fin de mes.

Humberto: Estupendo. Aunque debería comprobar lo de la estrella PH. Me ha parecido ver una publicación similar, aceptada por el APJ.

El niño (desde la habitación): ¡Mamá!

Enrique (aterrado): ¿Ah sí? ¿Y es muy reciente?

Humberto: Sí, sí. De esta mañana. “On the Flatness of Galaxy Halos”.

El niño: ¡Mamá!

Enrique: ¿“On the Flatness of Galaxy Halos”? ¡Ese es mi tema! ¿Qué es lo que quiere? Sonia, ¡vete a ver, cariño!

La inquietud de Enrique sube por instantes. No puede comprobar si su artículo y el que su jefe le indica llegan a las mismas conclusiones porque no tiene el portátil en casa, le invade el miedo de que el rival se adelante y él deba rehacer su texto para incorporarle como bibliografía, o incluso que su rival, como experto, sea solicitado para hacer el rapporteur de su artículo… De ese artículo del que dependía su ansiado ascenso. La velada ya no admite la armonía y reina un malestar general en el ambiente. ¿Por qué ha tenido tan mal gusto Humberto? ¿Era necesario crear tanta ansiedad en un investigador que le idolatra?

Enrique: Es una velada un poco deshilachada, ¿no? Lo siento mucho.

Sonia (a Inés): ¿Sabe?, no tiene ninguna importancia. A decir verdad, estuve a punto de recibirles en bata. Enrique me suplicó que me vistiera, ¡no podía recibir a los Finidori en bata!

Humberto: Enrique, ¡qué formalismo!

Sonia: Solo con usted. Mi marido a diario pasa de formalismos, solo le ocurre con usted. Con Humberto Finidori mi marido adopta un tono finidoriano, se arrodilla y quiere que una se vista.

Enrique: ¿Qué quieres decir con que me arrodillo? ¿Qué quieres decir con un tono finidoriano? ¿Qué significa este discurso, Sonia?

(…)

Sonia: Está claro que usted jamás hará nada por mi marido, disfruta viendo cómo se debilita, le ha advertido sobre ese artículo rival con el único propósito de verle perder pie y librarse de toda responsabilidad en el caso que él se permitiera, arrastrándose, pedirle un favor. Su perversidad me repugna y desprecio su lamentable poder de corrillo de pasillo.

Inés: Mi marido ha publicado en Nature, no veo por qué su poder es lamentable.

A los asistentes a la representación del texto les resultarán graciosos estos diálogos por llevados al extremo. Pero, aunque pasados por el ácido tamiz de la comedia y dominado por el sello burlesco de la autora, los fragmentos mantienen en su esencia algo de la realidad del minoritario ámbito académico y de sus miserias. El rizo hubiera sido mostrar en la escena estos mismos “piques” pero, en vez de con astrónomos, con filólogos especialistas en teatro. ¿Quién se atreve a emular a Reza?

Purificació Mascarell

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