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El pacto existencial

—Bueno, ¿éstos pactan ya o qué?

—¿Tú crees que en algún momento se acuerdan del pensionista, del estudiante, del enfermo, del parado, del explotado, del mendigo, del desesperado?

—Creo que están en un bucle donde solo resuenan sus tuits y la metralla constante de los platós de televisión. Porque, de lo contrario, no se explica tanta incompetencia, tanto ego y tan poco sentido común.

—El otro día escuché, al vuelo, una conversación entre dos estudiantes de mi universidad. Uno le decía al otro: “Oye, llevas toda la mañana muy callado, ¿va todo bien?”. Y el otro replicaba: “Es que el panorama de mi casa me tiene preocupado… Mis padres no encuentran nada y yo estoy echando el currículum por todos lados y nadie llama; ya no nos queda un duro, esa es la verdad”.

—¡Joder, qué triste! Hay muchos grados antes del menos cero de la cola de Cáritas. Y no por ser casos menos extremos resultan menos desoladores.

—Tengo una alumna que me golpea en la cara cada vez que la miro. Es una inmigrante peruana de unos 50 años. Madruga cada día para trabajar como limpiadora durante toda la mañana y, por la tarde, cursa algunas asignaturas, las que puede por tiempo y dinero.

—Uau. Todo un ejemplo para los que llenan las aulas sin vocación.

—Imagínatela. Siempre en primera fila y aprovechando cada fracción de segundo de las clases. Para mí, la lección la imparte ella.

—Desde luego.

—Porque, ¿cómo explicar la novela existencial a una limpiadora peruana que estudia Filología por las tardes?

—Suena al poema de César Vallejo: “Un paria duerme con el pie a la espalda. / ¿Hablar, después, a nadie de Picasso?… Otro busca en el fango, huesos, cáscaras. / ¿Cómo escribir, después, del infinito?”.

—Todavía podríamos añadir algunos versos más, ¿verdad?

—Uno de tu cosecha: “Un estudiante sufre por su familia. / ¿Por qué tardar meses en formar gobierno?”.

—Si la posguerra europea parió el existencialismo en los años 40, ¿qué corriente de pensamiento alumbrará este desconcierto al que asistimos?

—No hay tiempo para el pensamiento, todavía hay que responder muchos whatsapps.

—Si hoy se escribiera Luces de bohemia, don Latino de Hispalis debería decir una frase así.

—Y, mientras, los parias de Vallejo, esos nadies de Eduardo Galeano, siguen ahí.

—Algunos incluso llegaron a creer en la panacea de “los de la gente”.

—Algunas leen La colmena de Cela mientras esperan a que se seque el piso que han fregado y entienden que las cosas cambian para que todo continúe igual.

—¡Cráneo previlegiado!

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