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Lo inefable

—Hay ciertas opiniones que te tienes que cuidar mucho de verter. Y no me refiero a comentarios xenófobos o machistas llenos de ignorancia, maldad y egoísmo. No. No me refiero a burradas que caen ante cualquier razonamiento humanístico. Me refiero a ciertas opiniones que no son mayoritarias, formas de ver el mundo que no están de moda, que no forman parte del stablishment aceptado y te convierten automáticamente en un ser extraño, en un friki, o en alguien que debe ser visto como extravagante al no entrar en la norma bendecida por la masa.

—Pero dame algún ejemplo, para que pueda entenderte bien.

—Pues es muy sencillo. Di: “No me gustan los perros” o “no me gustan los bebés” y verás la cara de terror gótico que se dibuja en la gente. Es casi como decir que te gusta beber sangre de cabra a la luz de la luna el día de Todos los Santos. Una locura. Una enfermedad. Porque los perros y los bebés son algo adorable, adorable hasta el infinito. Y si no te hacen gracia, estás de psiquiatra.

—A ver, está claro que a cada persona le parece “mona” una cosa, pero es que justo me has dicho dos que son adorables al cien por cien…

—Di: “No, no quiero una cerveza; es que nunca bebo alcohol” . O “no tengo Whatsapp, mejor llámame”. Serás calificado de raro para todo tu vida. Te harán una cruz simbólica y ya siempre dirán: “Jorge, que no tiene Whatsapp, ¿será posible?” o “pues una cerveza fresquita es lo mejor del mundo, ya ves, y ella siempre con el Nestea”. Raro, serás raro.

—A ver, un pelín sí, pero tampoco exageres…

—Di: “No quiero hacerme un selfie” o “no me gusta viajar, prefiero estar siempre en mi pueblo”. Uy, qué antiguo y qué cerrado que eres, qué poco sabes disfrutar de la vida moderna, qué muermo, qué aburrido. Qué raro, en definitiva.

—Ostras, es que, la verdad, ser así es un poco raro, ¿no?

—Pero, ¿qué es raro?, ¿quién reparte los carnets de “normal”?, ¿es normal que dos millones de personas vean Sálvame?, ¿es normal pasarse el día pegado a una pantalla esperando no se sabe qué?, ¿es normal poner en circulación fotos de tus hijos menores de edad?, ¿es normal que las calles huelan siempre a meada de perro?, ¿es normal pactar con el diablo una hipoteca de 35 años?, ¿es normal estar endeudado y seguir bebiendo cerveza en el bar con internet a todo gas en el móvil?, ¿es normal el deseo permanente por consumir, por poseer y por exhibir?

—Esto me recuerda a… Hace años, cuando iba al instituto, nos hicieron leer un libro del sociólogo valenciano Josep Vicent Marqués que hablaba sobre lo “natural” (aquello que nos viene dado por nuestra condición humana) frente a lo “normal”, que sería una convención social, un constructo artificial que nos pauta el camino: “Cómprate una vivienda y un coche, cásate, forma una familia estándar, etc.”. Se titulaba, precisamente, No és natural.

—Pues desde que se publicó ese libro, hace ya más de veinticinco años, nuevas prácticas sociales que hoy pasan por “normales” se han “naturalizado” hasta convertirse en dogmas incuestionables. Así que ya hace falta que alguien firme una segunda parte al trabajo de Marqués.

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