Enfermos

—Estas dos últimas semanas he estado enferma. Tuve una gripe horrorosa que me mantuvo durante varios días en una especie de limbo dentro de casa. Convaleciente, solo podía bajar al cauce del río y tomar el sol durante una hora en silencio, absorbiendo sus partículas sanadoras. ¿Cómo soportan la vida en los países nórdicos?

—Son ricos, dicen.

—Eso será. Aunque eso no lo arregla todo, afortunadamente para los pobres. Una de las noches de fiebre coincidió con la programación de la película La lista de Schindler en una canal de la tele. Me puse a verla, por tercera o cuarta vez, hecha un ovillo en el sofá, con los ojos entrecerrados y diez kilos de mantas encima. Aquellas atrocidades, aquella frialdad, aquella locura colectiva…

—Siempre que pienso en mantas y enfermedad me acuerdo de esas escenas de La montaña mágica… Con los tuberculosos enrollados a conciencia en gruesas mantas, acostados en las mecedoras de sus balcones del sanatorio, respirando el aire puro de la alta montaña suiza.

—Muy literario, pero mi caso ha sido más prosaico. La cuestión es que ese día, después de ver la peli, la fiebre fue en aumento y pasé toda la noche sumida en la clase de pesadillas repetitivas y absurdas que siempre ofrecen unas décimas de calentura. En la desagradable duermevela, pasaban por mi mente imágenes de judíos subiendo a trenes, a camiones, a todo tipo de vehículos, y bajando, y luego siendo obligados a volver a subir, y así incesantemente, sin descanso. Ante la desasosegante visión, yo sentía náuseas y taquicardia. No podía eliminar las imágenes de mi mente, como si fuese una especie de macabro GIF, y solo pude reposar cuando salió el sol y la fiebre bajó.

—Siempre he pensado que debe de ser terrible estar enfermo en medio de una guerra, o en un campo de concentración. Debe de ser terrible estar enfermo en plena calle, si eres un sintecho, o en medio del mar, en una barcaza atestada. En circunstancias durísimas, si además te falla la salud…

—Ante el genocidio nazi siempre surge la misma pregunta: ¿Cómo fue posible que toda la sociedad lo apuntalara? Porque nunca hay un solo loco. Detrás del Trump ansioso por construir el muro, como detrás de tantos otros, hay apoyo de mucha gente. ¿Inconscientes? ¿Ignorantes? ¿Gente que se deja arrastrar sin cuestionamiento alguno? ¿Laxos, sin moral? Seres humanos, en definitiva, como tú y como yo.

—Exacto. Como tú y como yo. Ahí está la clave. Hoy nos estremece la barbarie nazi. Mañana nos estremecerá otro episodio deplorable, y nos preguntaremos por qué, cómo pudo pasar, cómo tanta gente volvió el rostro y siguió la fiesta, de qué modo fue posible que 5.000 personas perdieran la vida en el Mediterráneo durante el año 2016 y no pasara absolutamente nada. ¿Un solo loco? No. Qué va. Muchos inconscientes, muchos laxos hacen falta para que esto se sostenga. Algún día se hará un película, y la gente se secará las lágrimas, y se lamentará de la falta de empatía, de conmiseración y de humanidad entre sus antepasados. ¡Qué raro es un mundo en el que a tu abuelo lo subieron a un tren los nazis y tú amenazas con más asentamientos en Cisjordania! Algo no funciona bien, no. Y esta fiebre no desaparece al amanecer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s