Detrás

—En Canadá, han hecho ministro de Inmigración a un somalí que llegó a ese país como refugiado en 1993. El otro día lo sacaron por la televisión, en su casa, con su familia. Parecía un tío muy sensato que había trabajado duro para conseguir ese puesto tan importante, subiendo peldañitos con su esfuerzo y su tesón. También sacaron a su esposa, otra somalí que llegó a Canadá como refugiada. La sacaron jugando con los dos hijos pequeños del matrimonio, y en la cocina ante un guiso de suculento aspecto, los labios pintados de fucsia, perfectamente arreglada. Le preguntaron si se sentía orgullosa de su marido, y dijo que por supuesto, que estaba muy orgullosa de su esposo. Punto.

—No está mal sentirte orgulloso de tu pareja, ¿no?

—No me gustaría morirme sin ver un mundo en el que una mujer inteligente, con un potente bagaje intelectual y una trayectoria brillante a sus espaldas, llega a una posición relevante y, entonces, sacan a su marido, con un aspecto maravillosamente atractivo, jugando con los críos y rodeado de utensilios de cocina, mientras proclama, con una sonrisa de oreja a oreja: “Estoy orgullosísimo de mi mujer”.

—Ya. Quieres decir que hemos normalizado que una mujer esté de apoyo del hombre triunfador, pero que todavía resulta extraño a la inversa, ¿verdad? Esto me recuerda a eso de que, detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer. Aunque esa preposición, “detrás”, provoca una grima insoportable. Es la tópica y aceptada posición de invisibilidad, de facilitadoras en la sombra, por gusto o por imposición, que se nos destina a las mujeres. Y ese reconocimiento condescenciente, paternalista, esa frasecita: dos golpecitos en la espalda y vuelve ahí, ahí “detrás”, ahí eres útil, y estáte orgullosa. Por lo visto, desde siglos atrás, para que los hombres hagan sus valiosas tareas y consten en las enciclopedias, las mujeres han tenido que ocuparse absolutamente de todo lo que, si aparece en los libros, lo hace en nota al pie. “Detrás” o “debajo” son aquí sinónimos.

—Las mujeres somos exactamente lo que se nos ha permitido ser dentro del sistema patriarcal que hemos apuntalado pero que conceptualmente no hemos colaborado en construir, porque los conceptos nunca nos han pertenecido. Vírgenes o femmes fatales, modelos construidos por los hombres para que encajemos dentro. Sin discrepancias, sin diversidad, hasta hace relativamente muy poco. La alternativa, ¿cuál es? ¿Ser la “rara”? No es fácil escoger ser “rara” de manera deliberada; estar dentro del canon facilita mucho la vida. Dicen que el mundo en femenino sería mejor, pero no podemos saberlo, ¿cómo saberlo? Lo femenino ha sido inventado por los hombres, como el resto de cosas. No somos más dulces, comprensivas, sacrificadas o resignadas, más bondadosas y dispuestas a cuidar de los demás, es decir, no lo somos por naturaleza, lo somos por imperativo social, por costumbre. Lo cierto es que ese dibujo de la mujer callada ante la adversidad, de ese mástil transparente que sustenta la trayectoria del varón, es también una creación masculina. Y sigue funcionando a plena máquina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s